jueves, 30 de abril de 2026

    La futura batalla del petróleo

    Desde 1998, Moscú viene aumentado persistentemente la producción al ritmo de 500.000 barriles diarios (b/d). A la inversa, los saudíes y sus socios de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) reducen la suya en 3,5 millones b/d.


    Rusia y la Comunidad de Estados Independientes (CEI), es decir casi toda la ex Unión Soviética, pueden mantener durante años aquel ritmo expansivo. Además, fue un repunte sorpresivo: a fines de 1996, la producción de la ex URSS no subía de 7 millones b/d y mucha gente se había olvidado de que, en sus mejores momentos, el bloque rendía más de 12,5 millones b/d. Esto representaba 1/5 del total mundial y 1/3 más que la participación saudí en su punto máximo.


    El renacimiento ruso, entonces, coincide con la mayor reducción general de producción desde principios de los ´80. También, con los ataques terroristas del 11 de septiembre. Ambos factores pueden darle a Moscú oportunidad de desplazar a la Opep como proveedor dominante de Occidente. De ahí que los rusos publiciten a sus firmas como “fuentes estables de crudos y gas a precios razonables, capaces de apoyar el repunte económico que asoma en Estados Unidos y la Unión Europea”, escribía en Foreign Affairs el técnico Edward L. Morese, subsecretario de Política Energética Internacional bajo William J. Clinton.


    Políticamente, “Moscú puede transformarse en socio principal de Washington. Cabe recordar que, aun antes de las Torres Gemelas, preocupaba la dependencia respecto del petróleo árabe”, coincide James Richards (Firebird Management Fund), experto en Europa oriental y Asia central.


    Hay cifras sugestivas. El Departamento Federal de Energía y la Agencia Internacional homónima (AIE) estiman que la demanda mundial de hidrocarburos podría elevarse de 77 millones de b/d ­fines del 2001­ a 120 millones en 17 años. La mitad estaría cubierta por la Opep, cuya producción subirá de 28 millones (1998) a 60 millones de b/d en el 2020.


    Ahora bien, la política de Riyadh, en su exclusivo provecho, se apoya en enormes reservas. Por eso, trata de mantener precios altos, aunque no tanto como para ahogar la demanda o promover fuentes sustitutas de abastecimiento. En el otro extremo, suele frenar descensos cuando llegan a cierto piso. Obviamente, para detener alzas excesivas, hacen falta reservas y capacidad productiva suficientes para una emergencia.


    El reino las tiene y aumentar la explotación no le sale caro. Con reservas ociosas equivalentes a 3 millones b/d de producción, puede sustituir a cualquier otro exportador grande. Excepto a Rusia.


    Esas reservas de respaldo funcionan como un arsenal nuclear: disuaden a posibles rivales o atacantes. De hecho, son claves en la política petrolera de Washington. Una situación que los hechos de septiembre tornan incómoda porque, a diferencia de las armas atómicas, las de Saudiarabia se emplean cada vez que son necesarias.


    Durante mucho tiempo, las relaciones entre Washington y Riyadh entrañaron entendimientos tácitos y ficciones útiles. Los ataques contra Manhattan y el Pentágono han cambiado sus ejes. Pero los árabes continúan reivindicándose como proveedores preferenciales de Estados Unidos: con 1,7 millón de b/d sobre importaciones totales por 10 millones, retienen la mayor participación individual. El régimen necesita asegurarse de que Estados Unidos defienda sus campos petroleros, su territorio y la dinastía reinante.

    Factores ocultos


    El predominio saudí no es “natural” dado que, libradas a las fuerzas del mercado, las ventas a Estados Unidos caerían a la mitad. Pero Saudi Aramco, el monopolio estatal, cobra el barril un dólar menos que el precio normal y ello equivale a un subsidio de US$ 620 millones anuales al consumidor norteamericano. A cambio, Washington mantiene un costoso despliegue militar en el golfo Pérsico y tolera condicionamientos a su política exterior.


    Así, los intereses comunes hacen a dos conjuntos de metas por demás amplias y problemáticas. Por ende, si Washington decidiese reducir la dependencia respecto del petróleo importado, podría cambiar el perfil de la producción y el comercio mundiales de hoy a 20 años. En este punto salta un comodín del mazo: el desafío ruso a los saudíes.


    Para competir más, los petroleros rusos han empezado a mejorar sus pésimas estructuras corporativas. La paulatina adopción de normas afines a cánones internacionales, les impone prácticas gerenciales y productivas modernas, flexibles. Recientes reformas jurídicas y tributarias, entretanto, cambian el entorno de negocios para las firmas locales y sus socios externos. Este proceso hará que, hacia 2006-07, la CEI iguale a Saudiarabia en exportaciones de hidrocarburos.


    Las mayores compañías rusas y centroasiáticas compiten ya por mercados en la América anglosajona y la Unión Europea, pero Lukoil está claramente a la vanguardia. El ex monopolio soviético tiene un plan a largo plazo para convertirse en operador internacional a la altura de ExxonMobil, Shell y BP-Amoco. La empresa se ha expandido por Europa sudoriental y el Báltico pero, además, en el 2000 absorbió las 1.300 gasolineras Getty en territorio estadounidense.

    Choque de culturas


    Después de septiembre, los acontecimientos se precipitan. Compañías y gobiernos de la CEI siguen actualizando marcos jurídicos y operaciones. Por supuesto, ni funcionarios ni empresarios piensan renunciar a las “joyas de la corona”. Pero, al expandirse por el mundo, se abren a emprendimientos conjuntos plurinacionales. Por ejemplo, Rusia y Turquía han superado viejas disputas y Lukoil está dispuesta a participar en un proyecto apoyado por Estados Unidos: el poliducto Bakú-Ceyhan, que unirá el Caspio con el Mediterráneo.


    El incipiente combate entre Rusia (o la CEI) y Saudiarabia será un choque entre culturas y agentes en extremo distintos. Es verdad, claro, que unos y otros dependen de exportar crudos, gas y derivados. Pero, en tanto Moscú puede facilitar o limitar accesos a ductos en poder del Estado, no puede controlar las compañías ni interferir en sus decisiones.


    A la inversa, Saudiarabia es un feudo familiar y Aramco es su monopolio. Esto lleva a concepciones erróneas sobre el mundo exterior. Entonces, cuando Riyadh necesitaba la cooperación rusa (último trimestre del 2001) para manejar el mercado mundial, no se dio cuenta de que Moscú no dependía de los ingresos petroleros al punto que los árabes suponían. Ahí dio un paso en falso: trató de presionar a Moscú amenazándolo con una guerra de precios.


    Fue un fracaso. Primero, porque las empresas no aceptarían limitar ventas, tras haberse dedicado a aumentar la producción durante años. Segundo, porque el gesto árabe se asoció al apoyo saudí a los afganos contra Rusia desde 1975 y a los guerrilleros chechenos.

    ¿Nuevo escenario en el futuro?


    En el largo plazo, Moscú tiene la ventaja. Lukoil, Yukos y otras son empresas dinámicas, muy integradas y capaces de aliarse con socios externos en pos de tecnología, capitales y gerenciamiento. Por el contrario, Saudiarabia es un coto cerrado. Pero lo peor es que haya sido incapaz, en 20 años, de aumentar la capacidad de producción. Por tanto, le queda una sola arma: las reservas de fluido.


    Por supuesto, las reservas cubicadas de la CEI aún no son tan grandes, pero las fuerzas del mercado han provocado una transición que cambiará el equilibrio de poder petrolero. Los costos rusos son decisivos y, en tanto sean en rublos, la industria está cubierta ante la volatilidad de precios internacionales. Cabe preguntarse, pues, si Saudiarabia podría sostener una guerra de tarifas para arruinar a la CEI. Ello le exigiría “pisar” el barril a US$ 10 durante más de dos años, una perspectiva negra para la Opep.


    Ahí entran en liza Estados Unidos y sus posibilidades de frenar la demanda de petróleo importado adoptando una política de transporte que obligue a la eficiencia sectorial. Si Washington y Moscú convinieran promover alzas de producción en cada país y restricciones selectivas en el consumo estadounidense, habrán definido un nuevo escenario petrolero mundial.

    MERCADO On Line
    le amplía la información:


    "Oil & Gas Industry: Illusions
    and realities of Russia´s oil exports"

    The Russia Journal, 29/03/02
    http://www.russiajournal.com/weekly/article.shtml?ad=5995

    "Oil & Gas Industry: Russia´s
    oil market"

    The Russia Journal, 29/03/02
    http://www.russiajournal.com/weekly/article.shtml?ad=5991

    Paul Krugman. El peligro
    de una tercera crisis del petróleo"

    La Nación, 10/04/02
    http://www.lanacion.com.ar/02/04/10/dx_387498.asp

    “Una disputa entre potencias regionales,
    las petroleras y las ex Repúblicas Soviéticas. La otra guerra
    por el petróleo del mar Caspio”

    Clarín, 28/10/01
    http://old.clarin.com/diario/2001/10/28/i-03415.htm