jueves, 30 de abril de 2026

    El arte de pedir, o cómo las ONG recaudan fondos

    Así, la contaminación del medioambiente, la violación de los derechos humanos, la investigación para curar el sida o el cáncer, la defensa de las ballenas, la conciencia ciudadana, la participación democrática, el cuidado de la niñez entre otras, son problemáticas que abordan estas entidades logrando distintos grados de compromiso.


    Pero, a pesar de la diversidad de temas a los que se abocan, existe uno que las unifica en una causa común: la recaudación de fondos.


    Y en esta pelea diaria, hay un lema que nunca falla: “Las buenas ideas generan los recursos, nunca es al revés”. Por eso, frente a la grave la crisis económica ­que mermó notablemente el interés de las personas sobre esos temas­ cada organización elaboró estrategias diferentes para obtener el dinero necesario para llevar adelante sus programas de acción: capacitación de personal para telemarketing, marketing directo, canjes publicitarios, merchandising, desarrollo de páginas Web con interesantes resultados, alianzas con otras ONG, realización de eventos que convocan a artistas o personalidades notables y la capacitación de sus líderes en fund raising, son las herramientas con más efectividad a la hora de recaudar fondos y captar nuevos socios.

    Una cuestión de independencia


    El tercer sector está financiado por organizaciones internacionales, por aportes de empresas locales o por prestaciones de servicios y eventos que ellas mismas generan. Sin embargo, la recaudación de fondos no es el único problema a afrontar. Muchas de las ONG tienen limitaciones concretas a la hora de recolectar dinero. Según explica Sergio Laurenti, director de Amnesty Argentina, “no podemos aceptar fondos de cualquiera y tampoco un gran volumen de donaciones, no recibimos fondos de organizaciones gubernamentales, ni del Estado, ni de organismos intergubernamentales. Y además, tenemos la obligación de examinar la naturaleza de nuestros donantes para evitar recibir plata que proviene del lavado de dinero o de algún acto de corrupción”.


    Algo similar sucede en Greenpeace: “Nosotros no aceptamos dinero de empresas, ni del gobierno, ni de partidos políticos, ni nada. Somos independientes y nos solventamos con el aporte de los individuos. Esa es la única manera de tener las manos libres para denunciar los intereses que se esconden detrás de la destrucción ambiental”, concluye Juan Manuel Luján Sosa, coordinador de marketing directo de la organización.


    Tanto Amnesty como Greenpeace, coinciden en que prefieren trabajar sin fondos, antes que aceptar algún compromiso condicionante. Buscan el diálogo con funcionarios de gobiernos o empresas, pero siempre para gestionar o realizar lobby en función de la defensa de los derechos humanos o del medio ambiente.


    “Las empresas son renuentes, es difícil separar el hecho de que somos una organización de derechos humanos de lo que suponen que es una acción política. Es parte de nuestro trabajo cambiar estos preconceptos. A mí no me importa quiza tanto que una empresa done, sino que esa empresa se comprometa a respetar los derechos humanos”, reflexiona Laurenti.


    Al mismo tiempo, existen entidades que ven a las empresas como su principal socio estratégico: “En estas épocas de crisis hay que tratar de encontrar nuevas ideas para conseguir el apoyo de donantes. Nosotros aceptamos donaciones de empresas porque queremos que la empresa entienda la necesidad de enfocar sus actividades hacia un mejoramiento de la biodiversidad de diferentes tipos de maneras. Hemos hecho acuerdos muy interesantes como por ejemplo con Unifón, sobre el reciclaje de baterías de celulares y ya hemos llegado al medio millón de baterías. Lo que tratamos de buscar son caminos concretos para un mejoramiento ambiental que incluya a cada empresa. Esa es una parte importante de nuestros acuerdos con ellas. No se trata de que nos donen nada más, sino de que modifiquen sus maneras de producción, que cambien los patrones de consumo que afectan a la naturaleza”, explica Carlos Galtieri, director de Vida Silvestre Argentina.


    Según Lucrecia Sánchez Elía de Lacroze, de Conciencia (Asociación Cívica no partidaria): “Uno de nuestros objetivos es la interrelación entre Estado, empresas y organizaciones no gubernamentales. Cuando eso sucede, nos sentimos más realizadas. Nuestro objetivo, insisto, es la educación para la participación de toda la sociedad, por eso creemos en la integración de todos los sectores”.

    La cultura de la solidaridad


    En otros países, casi todas las empresas destinan parte de sus ganancias al compromiso social. En la Argentina, por el contrario, el fenómeno es apenas incipiente aunque las necesidades son cada vez mayores.


    En nuestro país, según los últimos datos disponibles desde 1995, cuando se realizó una investigación sobre el tercer sector, desarrollada por Mario Roitter del Cedes y coordinada a nivel internacional por la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos, las organizaciones no lucrativas formales (es decir rastreables en algún registro) alcanzaban a las 51.000, existían además 25.000 organizaciones religiosas y un número de organizaciones informales (no registradas) cercano a 10.000. A su vez, empleaban poco más de 350.000 personas y movilizaban 1,5 millón de voluntarios. Con relación al monto de los fondos, movilizaban $ 7.500 millones, convertibilidad de por medio.


    “Para datos del ´95, donde recién empezaba a moverse el tema del tercer sector, el volumen de dinero era enorme. Hoy, esas cifras deben ser mucho mayores, así que la relevancia de esto es muy importante. Más allá de la crisis, la evolución es ascendente”, analiza Daniel Yoffe, director de The Fund Raising School.


    Sin embargo, el sistema de alicientes que en otros países fomenta el desarrollo de este tipo de entidades creando una verdadera cultura de la solidaridad, en el nuestro es inexistente.


    Así, por ejemplo, la facultad de los contribuyentes de computar como gasto, en su balance del impuesto a las ganancias, los aportes a entidades de bien público, que en algún momento les permitía deducir hasta 20% de la ganancia neta sujeta al gravamen, ahora concede sólo 5%, siempre y cuando el destino de los fondos sean entidades dedicadas a unos pocos objetivos. Obviamente la desgravación impositiva por sí misma no debería ser la única motivación para una donación solidaria, pero esa imposibilidad produce un sensible desaliento.


    Para Galtieri, de Fundación Vida Silvestre: “Hay países donde la gente ayuda igual, con crisis o no crisis. Se han hecho campañas muy interesantes, por ejemplo en Estados Unidos o Inglaterra, donde las grandes empresas tienen una política de desgravación impositiva muy fuerte. En Estados Unidos los porcentajes de desgravación impositiva llegan hasta 30% y el año pasado se donaron US$ 190 billones (millones de millones). Eso refleja la conciencia en la necesidad de ayudar. En la Argentina, lamentablemente, prima la sospecha sobre los fondos. Por eso creo que las ONG van a poder ocupar un rol muy importante porque brindan transparencia en el seguimiento de las cosas y van a ser un medio apropiado para canalizar representación y dinero”.


    Otra experiencia interesante es la que sucede con Amnesty todos los años en Noruega: “Amnesty recauda casi 10 millones por año con una campaña muy efectiva que consiste en que los jóvenes donen un día de su trabajo. Esa recaudación se destina a la enseñanza del respeto a los derechos humanos. Y es curioso, pero hay muchas menos violaciones a los derechos humanos en aquellos países donde Amnesty tiene más miembros”, dice Laurenti.


    Para Daniel Yoffe: “La desgravación impositiva no define la donación, define el monto. No es una motivación, sólo alienta, es un mensaje positivo. En sociedades más desarrolladas, la deducción de impuestos expresa una cultura instalada. Hoy es impensable aquí por cuestiones de evasión y corrupción”.


    El aporte estatal (sean fondos propios o canalizando los de organismos como el Banco Mundial, el PNUD o el BID) representa sólo 20% del presupuesto total de las ONG. En este punto surgen dificultades por la ausencia de claros criterios de distribución.


    La exigencia común parece ser que se instrumenten mecanismos claros y equitativos de distribución de fondos y que se vuelvan más fluidos los vínculos con el Estado. Así, las ONG podrían participar en el diseño y la gestión de las políticas públicas, aunque esto parece hoy en día más bien una utopía.

    Ciberactivismo


    El ciberactivismo es una de las principales herramientas de participación con las que cuentan las ONG. La posibilidad de generar presión instantánea sobre organismos de control, empresas, legisladores, gobiernos, etc., genera soluciones inmediatas a muchas de sus acciones. Así, por ejemplo, Greenpeace, gracias a la participación de miles de personas, ha podido detener la tala de bosques, promover importantes leyes en contra de la contaminación; ha logrado que empresas alimentarias informen qué estamos comiendo y también crear conciencia acerca de la caza clandestina de ballenas o la contaminación nuclear.


    Para Amnesty, también es importante Internet: “Con nuestro canal de red de acciones urgentes movilizamos a personas que no necesariamente son miembros de la organización para que escriban cartas o presionen a las autoridades para obtener la liberación o la protección de personas en riesgo. Esto ha tenido un efecto fenomenal, nosotros no sólo pretendemos que las personas donen a la organización, eso es casi un elemento lateral, nuestro principal aporte es en el campo de las ideas y de la participación activa de la gente. Para ver un ejemplo de la efectividad del ciberactivismo, basta ver lo que pasó con Safisha en Nigeria. Gracias a la presión de Amnesty vía Internet, evitamos la ejecución”.

    Capacitación, herramienta fundamental


    En la Argentina, la formación académica sobre el tercer sector todavía transita caminos iniciales. Desde hace cuatro años, existe la sede local de The Fund Raising School, dedicada a formar líderes en recaudación de fondos para entidades de bien público.


    La escuela, que funciona en las instalaciones del Cedes, se creó hace 30 años en Estados Unidos dentro de la Universidad de Indiana y, desde un marco teórico, intenta enseñar la lógica de este trabajo. Arrancó en la Argentina con un pequeño seminario y luego continuó con programas más extensos. Han pasado más de 2.000 alumnos en todo el país, cursando distintos seminarios, que abarcan desde principios básicos, marketing y planeamiento estratégico para recaudación de fondos, cómo se gestionan grandes donaciones, hasta técnicas de marketing on line o directo.


    “Es un campo extremadamente amplio y en la Argentina no lo conocemos en su totalidad, aunque en los últimos años, por esas paradojas que genera el subdesarrollo, hemos logrado avanzar muchísimo y, en varios casos, al nivel de organizaciones internacionales con años de historia”, comenta Daniel Yoffe, director de la institución.


    Pedir no necesariamente implica recibir y hace falta analizar varias cuestiones antes de comenzar a trabajar. Yoffe explica que “es necesario que los líderes de las ONG entiendan que debe haber un intercambio entre las entidades y los donantes. Para que se produzca finalmente la donación, hace falta establecer un vínculo con el entorno y con las fuentes de financiamiento, donde éstas entiendan el sentido de la existencia de la ONG y la vean como válida y necesaria. Decir, ´la gente no es solidaria´ no siempre es verdad. En realidad, nosotros hemos visto un crecimiento del tercer sector en los últimos años, increíble. Esto es muy próspero porque apenas tiene un desarrollo de 10 años a esta parte”.


    ¿Por qué el marketing es un tema clave?: porque es una herramienta fundamental para la comprensión de las necesidades de las fuentes de financiamiento. “Más allá de que el financiador ayuda a resolver un tema social, cultural, educacional con su contribución, hay que saber analizar qué resuelve él en ese acto. Por eso las ONG deben tener una actitud investigativa y abierta antes de poder pedir a alguien algo. Y eso tiene una variación enorme, porque depende de los distintos tipos de empresas, de funcionarios, de gente, de edades. Pedir no es nada fácil, pero se aprende”, finaliza Yoffe.