jueves, 30 de abril de 2026

    Sólo un bosquejo

    El Estado argentino tiene en su organigrama la Dirección de Actividad
    Forestal. Y tiene también la Dirección de Bosques. La primera
    depende de la Subsecretaría de Economía Agropecuaria, subordinada
    a la Secretaría de Agricultura y en la órbita del Ministerio de
    Economía. La segunda, en tanto, depende de la Secretaría de Ambiente
    y Desarrollo Sustentable, en el Ministerio de Salud. Para casi todos los actores
    del sector, esta división es una de las causas del escaso desarrollo
    de la actividad foresto-industrial en la Argentina al tiempo que coinciden en
    la necesidad de su unificación.
    “Los países desarrollados analizan la importancia del sector en
    forma interrelacionada y no individual, como sucede en la Argentina. Las políticas
    de Estado deben encararse de manera integral”, sostiene Gustavo Cetrángolo,
    director del curso sobre Gestión de Negocios de Base Forestal de la Universidad
    de San Andrés.
    A su vez, el propio director de Bosques, Jorge Luis Menéndez, considera
    que “si bien no hay superposición de tareas, debería concretarse
    la unificación porque serviría para impulsar al sector”.
    Sin embargo, el enorme potencial para abastecer el consumo mundial de productos
    forestales por tener ventajas comparativas en el crecimiento de los bosques,
    posicionan a la Argentina en un lugar desde el cual puede aspirar a convertirse
    en uno de los principales centros foresto-industriales del mundo.
    En la Argentina, la actividad puede clasificarse según la materia prima
    utilizada: con base en bosques implantados y con base en bosques nativos. En
    conjunto, la producción nacional representa aproximadamente 1,8% del
    PBI (alrededor de US$ 4.500 millones, incluyendo pulpa y papel).
    El primer grupo, el de la industria con base en bosques implantados (en el que
    se distingue la producción celulósica papelera), contribuye con
    poco más de 80% a la producción total. El grupo industrial con
    base en bosques nativos, por su parte, que representa alrededor de 15%, está
    conformado por las industrias del mueble (algarrobo, quebracho), aserraderos
    y aberturas, entre otras.
    Como tercer grupo podría agregarse el de los productores de muebles y
    afines en Santa Fe y Buenos Aires, cuyos insumos son esencialmente maderas importadas
    o provenientes de bosques nativos argentinos y con un componente importante
    de especies cultivadas, bajo las formas de madera sólida y tableros aglomerados.

    El mercado mundial

    Mientras que las exportaciones del sector en 2002 ascendieron aproximadamente
    a US$ 600 millones, el mercado internacional de productos forestales es un mercado
    en expansión que supera los US$ 130.000 millones anuales, superior a
    la combinación de cereales y oleaginosas, o al de carnes y lácteos.
    Incluso, según datos proporcionados por la Asociación Forestal
    Argentina (Afoa), las perspectivas a largo plazo sobre este mercado son positivas,
    pues se espera que siga creciendo el consumo y que la oferta mundial de productos
    forestales no pueda sostener el incremento de la demanda. Ese déficit
    de madera obedecerá, por un lado, a la fuerte presión por parte
    de la ciudadanía para que se conserven los bosques nativos y, por el
    otro, a la imposibilidad de muchos países de expandir sus bosques implantados
    en forma importante, por falta de espacio y lentitud de crecimiento de las especies.
    Para el gerente general de Afoa, Martín Aguerre, el diagnóstico
    representa una excelente oportunidad para la Argentina, puesto que “es
    uno de los países con mayor capacidad para compensar ese déficit
    dado su excepcional potencial para generar nuevos bosques, tanto de especies
    de rápido crecimiento de uso industrial, como maderas de alta calidad
    con ritmos de crecimiento difíciles de igualar en otras regiones. Por
    otro lado, dispone de vastas superficies de tierras aptas para la forestación
    sin competir con otras actividades forestales”.
    Por su parte, Cetrángolo, que además es consultor independiente,
    sostiene: “Las ventajas comparativas y competitivas que presenta el sector
    forestal podrían constituirlo en una importante actividad para la generación
    de riqueza en la Argentina, siguiendo en relevancia al complejo agroalimentario,
    al energético y al minero”.
    A su vez, el director de Actividad Forestal, José Luis Darraidou, señala
    que durante el año pasado se observó un importante crecimiento
    de las exportaciones respecto de 2001. No obstante, se registró una baja
    del consumo en el mercado interno, que está llegando a su piso. “Se
    espera que en el corriente año suban fuertemente las exportaciones, en
    función de la reactivación que se advierte en este momento y de
    las nuevas industrias que adaptaron tecnologías que les permite exportar
    casi toda su producción”, explica. Según sus cálculos,
    las exportaciones alcanzarían un crecimiento “de 30 a 40% a mediano
    plazo”.

    Las políticas

    En la actualidad, en nuestro país los bosques nativos representan alrededor
    de 33 millones de hectáreas, mientras que los bosques cultivados (que
    generan más de 85% de la producción nacional) cubren aproximadamente
    1,1 millón de hectáreas. Sin embargo, para Darraidou, podría
    duplicarse la cantidad de hectáreas forestadas en el corto plazo. “Ello
    requeriría unos US$ 4.000 millones de inversión y significaría
    cerca de 400.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos”.
    En tanto, el subsecretario de Economía Agropecuaria, José María
    de Urquiza, señala que en la plataforma del gobierno actual “se
    marca una clara orientación a la promoción del sector, que es
    muy dinámico y gran generador de puestos de trabajo”. Y añade:
    “En este momento, estamos en la etapa de diagnóstico, para ver qué
    medidas pueden ser mejoradas o adecuadas a la situación actual”.
    La Ley de Inversiones para Bosques Cultivados (similar a la que rige otras actividades
    productivas, como es el caso de la minería), fue aprobada en 1999 y asegura
    al inversor forestal condiciones atractivas en materia de imposición
    tributaria a través de la estabilidad fiscal (de entre 30 y 50 años,
    según la región), así como estímulos fiscales y
    un apoyo económico no reintegrable para las Pymes forestales.
    Aunque “buena”, Cetrángolo considera “insuficiente a la
    legislación, porque relegó la promoción industrial del
    sector”. Luego añade: “Permite ser creativo a través
    de su administración, pero choca su aplicación frente a la administración
    del Estado ya que por su complejidad disgusta a los funcionarios”.
    En la actualidad, en la Argentina, entre las inversiones de origen foráneo,
    las chilenas representan 45%, mientras Estados Unidos y Canadá responden
    por 30 y 15% respectivamente. En forma minoritaria participan países
    como Nueva Zelanda, Brasil, Holanda y Alemania, entre otros.
    Los obstáculos
    Según el informe de la Afoa, se estima que a lo largo de los ’90
    el sector ha sido responsable por la generación de casi 90.000 empleos
    directos y aproximadamente 300.000 empleos indirectos. Y destaca que la actividad
    “genera un efecto multiplicador del empleo superior a la construcción
    y al sector automotor. Un beneficio adicional lo constituye el hecho de ser
    demandante no sólo de técnicos y profesionales sino principalmente
    de mano de obra no calificada que es reentrenada mayoritariamente en el propio
    sector, llegando así al corazón mismo del problema de la desocupación”.
    En su informe, la Afoa menciona los 10 principales problemas que frenan el crecimiento
    de la actividad. Muchos de esos puntos son compartidos por los distintos referentes
    del sector. Entre otros figuran:
    1. Falta de cumplimiento y de implementación de los beneficios de la
    Ley 25.080.
    2. Múltiples organismos públicos sin la debida jerarquía
    y su falta de coordinación.
    3. Falta de acceso a información relevante.
    4. Falta de investigación aplicada y de desarrollo de tecnologías.
    5. Deficiencias en la infraestructura regional.
    6. Alta presencia de impuestos distorsivos e importante evasión impositiva.

    “Transformar una industria originalmente enfocada hacia productos de bajo
    valor agregado –y destinados de manera exclusiva al mercado interno–,
    en una industria que sea productora de aserrados, remanufacturas e insumos para
    la construcción de calidad, con una creciente orientación a la
    exportación”, es el desafío que se plantea De Urquiza. M