En realidad, nadie puede dar razones claras que fundamenten la esperanza. Al
ver los datos que pintan el panorama económico y social del Paraguay,
no parece haber motivo evidente para ello. El presidente electo, Nicanor Duarte
Frutos, pertenece al Partido Colorado, o Asociación Nacional Republicana
(ANR), al que una gran parte del público (a excepción de los propios
colorados) culpa de los graves males que aquejan al país. Y lo más
probable es que su gobierno será objeto de las presiones que un viejo
y anquilosado aparato estatal (manejado por los colorados) ejercerá para
preservar los beneficios que desde hace seis décadas distribuye entre
sus partidarios elegidos. Lo mismo que una parte del sector empresarial que
se ha acostumbrado a “mamar de las tetas del Estado” y que resiste
al destete con todas sus fuerzas.
La corrupción
No menos terrible es la corrupción que reina campante, y que virtualmente
ha infectado a toda la sociedad: tráfico de drogas, falsificación
de cigarrillos, contrabando (de todo tipo), evasión impositiva, etc.,
y la lista sigue hasta el infinito. El propio presidente saliente, Luis González
Macchi, daba el ejemplo, paseándose alegremente (hasta que se descubrió
el hecho) en un auto BMW, blindado, que había sido robado en el Brasil.
Pero hay esperanzas. Como en la caja de Pandora, luego de abrirla y dejar escapar
todas las calamidades, en el fondo quedó la esperanza. Bastaron algunos
gestos de Duarte Frutos: su promesa de luchar contra la corrupción, de
sanear el aparato del Estado, ejercer justicia para todos, designar como ministro
de Hacienda a alguien no perteneciente al partido de gobierno, incorporar figuras
nuevas en otras áreas y su aparente no compromiso con nadie (por lo menos
por ahora). Todos esperan verlo en funciones, y cumpliendo sus promesas, a partir
del 15 de agosto.
El esquivo acuerdo stand by
El primer desafío será concretar el largamente esperado acuerdo
standby con el FMI. Sin él, el país no podrá recibir préstamos
y puede entrar en cesación de pagos, interna y externamente. De hecho,
ya está atrasado en el pago del servicio de la deuda con el Banco Mundial:
el 15 de julio venció una cuota de US$ 8,9 millones. Este atraso puede
hacer que el BM no apruebe el crédito de US$ 23 millones para el sector
Educación, cuya firma estaba prevista para el 3 de septiembre. Eso no
es todo, también está atrasado el pago de US$ 5,7 millones a los
bancos Chinatrust e ICBC, de Taiwán, por intereses vencidos sobre bonos
emitidos para respaldar un préstamo de US$ 400 millones concedido por
el gobierno taiwanés, que debía aplicarse a la reactivación
de la economía, pero que hasta ahora todo el mundo se pregunta adónde
fue a parar. El gobierno paraguayo ha pedido extensión en el plazo de
pago, y se espera la respuesta. El contrato de este préstamo contiene
una cláusula por la cual los bancos acreedores pueden demandar al Paraguay
y, si la demanda prospera, embargar parte de las reservas internacionales para
recuperar el total del préstamo.
En el poco probable caso que se apele a ese recurso extremo, las reservas internacionales
del Paraguay, que estaban en poco más de US$ 780 millones a fines de
junio pasado, se reducirán prácticamente a la mitad.
En el frente interno, hay atrasos en el pago a proveedores y contratistas del
Estado. Asimismo, los pagos de salarios han estado crónicamente atrasados.
Y pese a las seguridades dadas por el ministro de Hacienda, Alcides Jiménez,
de que se cuenta con el dinero para efectivizar esos pagos, los empleados del
Estado pueden despertar un día con la sorpresa que fueron gastados en
otras urgencias. Todo el mundo sabe que la disponibilidad depende del pago que
debe hacer la entidad binacional Yacyretá. Si esto no ocurre y se producen
atrasos, es de esperar que surjan presiones sindicales. En algunos sectores,
como los sin techo, campesinos y sindicales, ya se está hablando de realizar
acciones de fuerza y demostraciones para presionar al nuevo presidente el día
de la asunción del mando, el 15 de agosto.
Para lograr el acuerdo con el FMI, el nuevo mandatario deberá obtener
la aprobación del Congreso a una serie de medidas: reforma del sistema
bancario y privatización de algunos entes del Estado, aunque en este
tema el Fondo parece haber flexibilizado su posición y aceptaría
variantes como capitalización, participación mixta y otras. También
reforma del sistema tributario para ampliar la base imponible y medidas efectivas
para evitar –o al menos reducir– la galopante evasión fiscal,
como el aumento del impuesto al valor agregado, IVA. Según un informe
del Banco Interamericano de Desarrollo, BID, entregado al nuevo gobierno, el
peso tributario del Paraguay es el más bajo de América latina
–menos de 10%– y sólo a causa de la evasión en el IVA,
el Estado pierde más de US$ 200 millones). Y también un programa
sustentable de reactivación y crecimiento económico. Además
de estas “sugerencias” del FMI, deberá hacer frente a una justicia
inoperante y, en algunos casos, cómplice, con jueces de la Corte Suprema
atornillados a sus bancas.
Las prioridades
Entre los problemas que el público opina que deben ser priorizados por
el gobierno, según una encuesta de ICA, publicada en el diario Última
Hora, ocupan los cinco primeros lugares:
l Desempleo 61,1%
l Erradicar la corrupción 45,8%
l Seguridad ciudadana 39,8%
l Mejorar la economía 33,5%
l Delincuencia 23,6%
Al parecer, la mayoría, ingenuamente, cree que todo esto podrá
hacerse sin la reforma del Estado (sólo un insignificante 2,8% piensa
que el nuevo gobierno la debe llevar adelante). Lo que podría preanunciar
resistencia a las propuestas del nuevo gobierno en el Congreso (donde no tiene
mayoría propia) a cualquier intento de llevar adelante esas reformas.
No sería la primera vez: el presidente saliente, González Macchi,
no pudo concretar el acuerdo standby al ser rechazadas sus propuestas en el
Parlamento por la presión del público y, sobre todo, de un fuerte
sector campesino que se movilizó en contra de las privatizaciones cuando
era tratado el tema en ese ámbito. Aunque algunos comentaristas políticos
sugirieron que fue una simple excusa, pues el propio partido de gobierno que
en ese momento, irónicamente, funcionaba como opositor a González
Macchi, no estaba dispuesto a cargar con el costo político de las mismas.
¿Un solo corazón?
Si bien Duarte Frutos no tiene mayoría propia en el Congreso, todo indica
que no le será muy difícil lograr acuerdos con la oposición.
Hasta ahora, al menos en declaraciones, todos los líderes opositores,
han expresado su disposición de acompañar al gobierno en las medidas
positivas que intente poner en marcha. Desde el segundo partido del país,
el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), hasta el pequeño
País Solidario, de centro-izquierda. El único que se ha mostrado
más intransigente y habla de control sobre el gobierno y no de colaboración,
es el nuevo movimiento Patria Querida, que pronto se convertirá en partido,
cuyo líder es el empresario católico, antes ligado a las finanzas,
Pedro Fadul.
Duarte Frutos ha comenzado una ronda de conversaciones con los líderes
políticos, a quienes él mismo visitó (no los convocó),
en un esfuerzo por convencerlos de que lo acompañen en el propósito
de encaminar al país. Luego de las entrevistas, todo fueron buenas palabras
y disposición de acompañar al nuevo gobierno, con un “pero”:
sólo en las medidas que consideren conducentes a solucionar los problemas
antes mencionados.
En realidad, esta ronda de visitas parece estar en línea con una propuesta
lanzada durante la campaña presidencial: formar una “mesa patriótica”,
cuyos fines no estaban claramente definidos, pero que tendría el objetivo
de obtener el apoyo de la oposición para los proyectos del Ejecutivo.
Hasta ahora, todo han sido puras buenas intenciones.
Lo que piensan los entes multilaterales
Para dejar en claro lo que, en opinión del FMI y el Banco Mundial, le
espera a Duarte Frutos después del 15 de agosto, una misión del
FMI, encabezada por Jeffrey Franks, hizo conocer su “diagnóstico”
y lanzó sus recetas. Casi simultáneamente, lo hizo el Banco Mundial,
a través de su representante en el país, Peter Hansen.
Lo que señaló Jeffrey Franks-FMI
- El gobierno deberá hacer frente a un déficit fiscal de US$
158 millones. Para ello deberá recortar el gasto público, incrementar
la recaudación, reducir la evasión fiscal y obtener un crédito
de emergencia. Este crédito (se refería al standby) será
factible sólo a través de un acuerdo económico con el
Fondo: un programa de reactivación y desarrollo aprobado por el FMI. - Habrá un ligero crecimiento (1,5%), pero exclusivamente en el sector
agrícola, gracias al algodón y la soja. En los demás
sectores (comerciales, construcción, financieros y servicios), volverá
a caer en 2%, casi en la misma proporción que en 2002. - El sistema financiero del Paraguay no sirve. Deberán aplicarse reformas
sustanciales. Advirtió también sobre el impacto que produciría
en la economía una nueva apreciación del dólar. - Las deudas del Estado representan más de la mitad de toda la riqueza
que genera la economía del país en un año; en otras palabras,
más de 50% del PBI. La deuda externa ascendió de US$ 1.600 millones
en 1998, a cerca de US$ 2.300 millones a fines de 2002. Los vencimientos que
deberán pagarse entre julio y diciembre totalizan US$ 173 millones.
La proporción deuda/PBI creció de poco más de 20% en
1998 a alrededor de 52% en 2002. - Ante este panorama, a Paraguay le será imposible obtener nuevos
préstamos de las agencias multilaterales o de gobiernos o entidades
privadas. La única salida es la obtención de un crédito
standby (la cifra mencionada rondaba los US$ 200 millones), para lo cual deberá
aceptar las “sugerencias” del FMI.
Este crédito, que abriría las puertas para el desembolso de otros,
sólo será posible si el Ejecutivo decide a llevar adelante la
reforma del Estado y elaborar un programa económico con el acuerdo del
FMI. Y ésa es sólo la primera parte: una vez elaborado el paquete
de reformas y el programa económico, deberá obtener la aprobación
de un Congreso que puede resistirse a darlo y, al mismo tiempo, convencer al
resto del país, partidos políticos, organizaciones civiles, sindicatos,
etc., para que no ofrezcan resistencia.
No será una tarea fácil.
Las recetas del Banco Mundial
- Aprobación de la reforma de la banca y el sector financiero (público
y privado). - Eliminar subsidios al gasoil y liberar su importación.
- Creación de un fondo de mantenimiento vial con los ingresos del
impuesto a la venta de gasoil. - Aumentar impuestos (gasoil, alcohol, tabaco).
- Atacar la evasión fiscal, fijando la meta de aumentar la recaudación
en medio punto del PBI cada seis meses. - Los ajustes de salarios deberán estar condicionados al aumento de
la recaudación. - Equipos de jueces y fiscales para investigar casos de corrupción
y evasión fiscal. - Reglamentar y transparentar adquisiciones y contrataciones del Estado.
- Incremento selectivo de ciertos impuestos.
El acento del BM en el aspecto impositivo se debe a que, según sus cálculos,
en dos de los tributos considerados clave para las recaudaciones del Estado
–el impuesto al valor agregado (IVA) e impuestos aduaneros–, la evasión
supera 50%. A esto se agrega lo que no hace mucho se dijo que ocurría
en la oficina de tributaciones: ni siquiera ese 50% llegaba a las arcas del
Estado. En el proceso “desaparecía” en los bolsillos sin fondo
de la corrupción, 70% de esa exigua mitad.
Pese a este lamentable panorama, los paraguayos siguen repitiendo el viejo dicho:
“Esperanza nda jãvei”. M
