miércoles, 27 de mayo de 2026

    Las usinas de ideas

    Por
    Javier Rodríguez Petersen

    Según
    la Enciclopedia Británica, un think tank, términos que se
    traducen al castellano como “usina de pensamiento”, es un “instituto
    organizado para la investigación interdisciplinaria usualmente
    realizada para clientes gubernamentales y comerciales”. El término
    designa a grupos de especialistas que realizan análisis y propuestas
    de políticas públicas.
    El Centro de Implementación de Políticas Públicas
    para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) es el único grupo de
    este tipo netamente argentino que figura en la guía mundial realizada
    por el National Institute for Research Advancement (Nira, de Japón).
    Un relevamiento de CIPPEC halló en todo el país 150 ONG
    vinculadas con políticas públicas. Nicolás Ducoté,
    su director ejecutivo, señala que, sin embargo, en la Argentina
    hay pocas entidades dedicadas exclusivamente a ese tipo de análisis
    y, en cambio, “hay más que son mezcla de consultoras y casi
    nunca están en una reunión de las ONG”.
    CIPPEC se define como una organización “que trabaja por un
    Estado justo, democrático y eficiente que mejore la vida de las
    personas” y “concentra sus esfuerzos en analizar y promover
    políticas públicas que fomenten la equidad y el crecimiento”.
    Se financia principalmente con aportes de personas, organismos internacionales
    y fundaciones filantrópicas, y hasta 10 % de su presupuesto lo
    recibe de empresas.
    Otros grupos que se financian exclusiva o principalmente del aporte empresarial
    y tareas de consultoría, como la Fundación de Investigaciones
    Económicas Latinoamericanas (Fiel) y la Fundación Mediterránea,
    destacan –no obstante– su independencia.
    Fiel no es “una institución de lobby. Es una cuestión
    ética pero además de reputación, de no perder la
    independencia. Cuando hay un trabajo de la Fundación, va a haber
    insultos, pero no se puede decir que represente a alguien. Fiel tiene
    generalmente más de 100 patrocinantes, lo que significa que ninguno
    es importante”, recalca Juan Luis Bour, economista jefe del grupo.
    La fundación se define “por lo que hace. En las décadas
    de 1960 y 1970 trató de producir estadística, que en el
    país faltaba, y proveer análisis sistemáticos de
    la coyuntura económica. Después rotó a un rol más
    de análisis de políticas públicas, que es claramente
    el problema que tenía y tiene Argentina”, agrega.
    Jorge Vasconcelos, investigador jefe del Instituto de Estudios Económicos
    sobre la Realidad Argentina y Latinoamericana (Ieral) de la Fundación
    Mediterránea, subraya: “[Aunque Ieral realiza] algunas consultorías
    adicionales, en general se le da prioridad a contratos con entidades como
    el Banco Mundial, el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) o la Onudi
    (Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial),
    de modo tal que prácticamente el objeto de la investigación
    es el mismo: las políticas públicas”.
    Desde el Grupo Fénix, surgido durante el 2000 en la Universidad
    de Buenos Aires e integrado principalmente por economistas y profesores
    de esa entidad, Alberto Müller, coordinador académico, señala
    que, a diferencia de otras entidades, ésta trabaja ad honorem.
    “Para nosotros tiene mucha importancia la pertenencia a la Universidad.
    La idea de que hay un grupo que está pensando desde la Universidad
    es algo que muestra que está la necesidad del pensamiento no partidario,
    más abierto”.
    Mirando el pasado
    En el análisis de las crisis económicas que vivió
    el país en los últimos años, las posturas se separan
    considerablemente. Mientras el Grupo Fénix fue creado “para
    pensar un patrón alternativo de país al modelo que regía
    entonces”, la Fundación Mediterránea considera que
    algunas reformas de la primera gestión de Domingo Cavallo en el
    Ministerio de Economía, “como las desregulaciones en energía
    eléctrica y gas –impulsadas por especialistas del Ieral–
    estuvieron bien hechas”.
    Según Vasconcelos, durante la década de los ’90 la
    institución “mostró muchos problemas que se estaban
    gestando, como la incoherencia de la política fiscal, monetaria
    y cambiaria o la falta de previsión para enfrentar la crisis de
    los emergentes tras la crisis rusa de 1998”. Y agrega: “Los
    problemas de un país en general ocurren por una cuestión
    institucional. El hecho de que los gobiernos constitucionales no hayan
    terminado sus mandatos –salvo los dos de Carlos Menem– por décadas,
    obviamente es un problema institucional. Si uno trata de tener una visión
    positiva, se ve que la economía argentina, en los últimos
    decenios, ha ido enfrentando algunos problemas, y el hecho de que desde
    1983 estemos en democracia es sumamente importante”.
    Bour señala que desde los comienzos de la recuperación que
    hubo en los ’90, Fiel advirtió sobre el fuerte incremento
    del gasto público: “La responsabilidad de los economistas
    (en las crisis) es no haber sido suficientemente persuasivos, no haber
    explicado lo suficiente, a veces pelearse en público por cuestiones
    menores y no discutir las centrales. Pero la verdad es que lo que hay
    en la Argentina es un enorme problema político, una incapacidad
    de los partidos políticos para armar sus propias coaliciones que
    les permitan sostener políticas razonables”.

    La relación
    con el Gobierno

    Aunque la Fundación Mediterránea realiza trabajos ad honorem
    para dos ministerios del gabinete nacional, algunos integrantes del Plan
    Fénix son funcionarios o asesores gubernamentales y CIPPEC trabaja
    con varios municipios, los distintos grupos señalan que sus vínculos
    con el Gobierno se dan principalmente a través de consultas informales.
    Y según se desprende de algunas declaraciones, hoy esos lazos no
    son especialmente buenos.
    “Nos ha costado, a nosotros y sé que a otros, interactuar
    con la parte política de este gobierno. Muchos vienen de un lugar,
    Santa Cruz, donde hay muy poco espacio para los think tanks. Santa Cruz
    no tiene ninguna ONG vinculada a políticas públicas, con
    lo cual varios funcionarios no vienen de una práctica de consultar.
    Es un desafío enorme tener interlocución, por ejemplo, con
    el Ministerio de Planificación”, apunta Ducoté.
    Bour menciona: “Casi todos los gobiernos han hecho consultas informales
    a Fiel”, pero “en la actualidad las consultas del Gobierno son
    más que limitadas. Más bien no hay”. Sobre las recientes
    críticas hacia algunos economistas, entre ellos a miembros de Fiel,
    recalca: “En este momento no hay relación, es una discusión
    unilateral del Gobierno”.
    Müller, a su vez, considera: “El aporte que puede hacer el Grupo
    Fénix a la sociedad es el de pensar con cierta orientación,
    en el sentido de que la Argentina tiene todas las condiciones para encaminarse
    a un desarrollo sostenido, sustentable y socialmente inclusivo”.
    Y Bour coincide en que “los economistas tienen mucho por contribuir
    para evitar los graves errores de política pública”.
    Pero señala: “Lo que sería bueno es que uno pudiera
    hablar libremente. Yo sospecho que estamos entrando en un camino en el
    que antes de hablar tenemos que pedir permiso. Eso lo vi muy pocas veces
    en mi vida. ¿Si lo viví en otra época? Sí,
    en la época militar. Y esto es algo que debería llamarnos
    a la reflexión”.
    Los think tanks también señalan fallas institucionales en
    la formación de usinas partidarias de políticas públicas.
    Para Ducoté: “Si los partidos políticos tuvieran buenas
    usinas de pensamiento, sería menos necesario que existan tantos
    think tanks, pero los partidos no invierten recursos en formación
    ni en investigación. Necesitamos que los partidos formen a su gente
    y piensen qué les van a enseñar”. Y opina que ese déficit
    se debe en parte a que “los partidos en la Argentina no terminan
    de consolidarse como instituciones pensadas para preservar una serie de
    principios sino puramente como espacios para acceder al poder”.
    Müller coincide parcialmente en el análisis sobre la falta
    de usinas políticas de pensamiento. Los partidos, dice, “tienen
    institutos, pero que funcionan bastante espasmódicamente, cuando
    hay campaña”. Y añade: “Sería muy bueno
    que los partidos tuvieran una formación técnica un poco
    más sólida”.
    Por su parte, Bour se pregunta si en los dos o tres partidos políticos
    grandes “se puede decir cuál es la posición sobre algún
    tema. No hay partidos, hay movimientos, que depende si el viento sopla
    del norte o del sur, van para el lado hacia el que sopla”.
    Vasconcelos señala que “el Congreso no tiene presupuesto para
    solicitar asesoramiento” sino sólo “un mecanismo para
    asesores de los legisladores, que no alcanza para que cada senador o diputado
    tenga asesores en todos los temas”. Y acota: “Debería
    haber una parte del presupuesto del Congreso para hacer licitaciones de
    consultoría de temas que van a ser discutidos en una ley”.
    Al respecto, Ducoté opina: “Las sesiones del Congreso son
    un chiste, no tienen herramientas, son en general discursos ideológicos”,
    sin elementos técnicos. Aunque reconoce: “Por suerte hoy hay
    alguna renovación, aunque muy tímida, en la política
    (…) Los legisladores jóvenes son mucho más conscientes
    de que votar leyes tiene consecuencias y consultan mucho más”.

    Impulsar
    políticas

    Por el desprestigio en que cayeron, “hoy los políticos necesitan
    argumentos técnicos, y nosotros somos funcionales para crear más
    consenso en torno a buenas ideas que, dichas por un político, puedan
    sonar a malas”, añade el director de CIPPEC.
    Para participar en la discusión, los grupos usan estrategias diferentes.
    Mientras CIPPEC busca llevar sus investigaciones y conclusiones a distintos
    actores políticos, el Grupo Fénix ofrece conferencias a
    quienes lo convoquen, mientras Fiel y la Fundación Mediterránea
    colaboran con funcionarios y legisladores cuando éstos lo solicitan.
    Los think tanks reconocen no tener entre ellos vínculos sistemáticos,
    algo que quizá “sería bueno”, según admiten
    Müller y Vasconcelos.
    Ducoté considera que los “fuertes péndulos” en
    las políticas públicas argentinas pueden obedecer a que
    “no nos tomamos el tiempo para tener discusiones” entre investigadores
    de distintas corrientes “que, a veces, vienen de tantos años
    de confrontaciones que ni siquiera se sientan en la misma mesa”.