Quien quiera vislumbrar el porvenir de la tecnología en banda ancha no tiene más
que sintonizar Cablevision Systems (CS), la red dominante en Nueva York. O la
filial en Maine de Time Warner. Hace poco, ambos empezaron a ofrecer servicios
digitales de TV más acceso ilimitado a Internet en alta velocidad más telefonía
local y de larga distancia.
Para los flamantes abonados, el teléfono fijo es un adorno. Aparte, TW está por
ampliar la oferta triple a otras zonas de Estados Unidos, para ir captando sus
millones de usuarios de prestaciones convencionales. Ambas iniciativas denotan
el drástico cambio que viven las telecomunicaciones, al menos en las economías
centrales y algunas “islas” ricas.
Por ejemplo, CS también brinda un servicio de juegos interactivos, un “canal casino”,
diez canales en diversos idiomas, 45 estaciones de música, cientos de películas
y programas televisuales a pedido.
Modelos en licuación
Por supuesto, no son buenas noticias para prestadoras regionales tipo Verizon,
que controlan “por herencia” la telefonía local en Estados Unidos y Canadá desde
inicios del siglo XX. Desde fines de 2000 a mediados de 2004, la cantidad de líneas
convencionales cubiertas por Verizon ha disminuido en cinco millones. Vale decir,
10%. En otras palabras, se licuan modelos de negocios que parecieron invulnerables
en varias décadas.
Hasta ahora, un pequeño número de proveedores ofrece en el mundo esta mezcla de
cable, Internet y teléfono. Cablevisión y Time Warner, entonces, surgen como líderes
en materia de servicios masivos, aunque no sean innovadores.
Como es obvio, el soporte tecnológico es la propia banda ancha, que transporta
voz, video y datos en redes ópticas de alta velocidad. Ahora bien, si lo de CS
y TW se extiende, las comunicaciones, el espectáculo y los entretenimientos domésticos
habrán impuesto una revolución cuyas implicancias son difíciles de imaginar en
el corto plazo.
Pero algo es seguro: la irrupción de las “triples ofertas” sacudirá los cimientos
de un negocio cuyo valor en Estados Unidos ronda los US$ 300.000 millones anuales.
“El sector se transformará en tres a cinco años más que en los 20 anteriores”,
afirma Duane Ackerman, presidente de BellSouth, operadora telefónica local en
nueve estados y algo más chica que Verizon.
Curiosa geografía
El fenómeno no se reduce a la América anglosajona. En rigor, la tecnología de
Internet en banda ancha le facilita a cualquier prestadora alrededor del planeta
ofrecer el servicio triple. Sólo se precisan conexiones y las redes resultantes.
Por ejemplo, Skype Technologies (Luxemburgo) opera desde Estonia y acaba de cerrar
acuerdo con una prestadora de Internet en Taiwán. Esto incorpora ocho millones
de abonados a un servicio de inesperada geografía: Europa occidental-Báltico-Asia
oriental.
“Para fines del 2004 o principios del 2005, habrá una ola de lanzamientos originales
e innovadores”, prevé Lindsay Roth, de la consultora Yankee Group. “Una vez lograda
cierta masa crítica, los proveedores se largarán a desarrollar otras aplicaciones
y combinaciones. Al cabo, llegaremos a TV, telefonía, radio, juegos y espectáculos
segmentados a medida.”
Un proceso así estimulará la demanda del público e iniciará un “ciclo virtuoso
de banda ancha”. Varias consultoras estiman que el mercado mundial puede pasar
de los 100 millones de abonados -hogares, empresas, bancos, gobiernos- al cierre
del 2003, a 280-325 millones a fines del 2008.
Súbita prisa
Semejantes perspectivas explican que las telefónicas convencionales traten de
no quedarse atrás. Así, AT&T está abandonando el negocio histórico en pos de nuevas
variantes. Las regionales (“chicas Bell”) han perdido 28 millones de líneas fijas
en cuatro años (más de 18%). Es la primera vez, desde la gran depresión de 1929-37,
que eso le ocurre al negocio telefónico tradicional.
Siguiendo con las “chicas Bell”, en la actualidad están perdiendo 4% anual de
líneas residenciales norteamericanas. El cuadro empeora, justamente, porque las
propias compañías corren a imitar a Time Warner o Cablevision Services. Desde
el ángulo opuesto, nuevas telefónicas de Internet -Vonage Holdings, Skype, etc.-
reclutan millares de suscriptores individuales e institucionales.
Lógicamente, el auge de banda ancha varía según países y regiones en el mundo.
Hasta ahora, Surcorea es líder, con casi 70% de hogares conectados -Singapur,
Japón y Taiwán andan cerca-, contra 20% en Estados Unidos. La media en la Unión
Europea se aproxima a 15%, pero con marcadas diferencias locales y casos extremos
como Kuwait (60%) y Pakistán (2,5%). En Latinoamérica, hacen punta Chile, México
y Panamá, con el resto siguiéndolos a mucha distancia.
Más dinámicas que las telefónicas convencionales, las compañías de cable en Estados
Unidos y Canadá han invertido US$ 85.000 millones en el lapso 1996-2003. Eso les
permitió armar redes de banda ancha capaces de proveer mejores servicios a mayor
velocidad.
Cada vez más barato
Entretanto, las líneas de suscriptores digitales (LSD o DSL en inglés), apoyadas
por grupos de telcos, no han logrado seguir el ritmo de la banda ancha o el cable
por módem. Pero buscan competir bajando tarifas, recurso que tiene sus límites.
Fuera de Estados Unidos-Canadá y los casos citados, empero, las dificultades financieras,
la fragmentación de mercados, el escaso ingreso por habitante y otras traban les
impiden a las empresas de cable desafiar la ubicuidad de las telcos y sus servicios
LSD.
Por supuesto, la competencia entre ambas tecnologías seguirá reduciendo las tarifas
básicas en banda ancha. Al mismo tiempo, los proveedores tendrán que buscar nuevos
atractivos para aumentar o retener usuarios y generar ingresos adicionales. Pero
“al público no le interesa la tecnología -señala Roth-, sino las aplicaciones.
Aparte, los adultos no comparten el gusto de los adolescentes por dispositivos
múltiples como eventuales sustitutos del teléfono, la TV o la computadora”.
En cuanto a las telcos, su frenesí por recortar costos y compensar el descenso
de la facturación puede resultarles peligroso. Las chicas Bell tratan de diversificar
ventas asociándose con proveedoras de TV satelital, ofreciendo paquetes de telefonía,
banda ancha y TV. Pero el negocio básico sigue siendo un servicio caro, en un
contexto demasiado competitivo.
Lo que vendrá
Muchos directivos del sector prevén una ola de fusiones y adquisiciones.
No obstante, los acuerdos son hasta el momento pocos, pues los compradores temen
pagar demasiado por activos que bajan. El proceso de fondo remite a experiencias
anteriores: escasos años después de la burbuja punto com y su traumático desinfle,
la Web madura y se convierte en negocio concreto.
Llamadas telefónicas, música de moda, fotos y video pueden transformarse en información
digital para enviarse por Internet igual que los e-mail. Aunque el cambio les
resulte arduo a empresas, accionistas y ejecutivos, es una bendición para los
usuarios, pues comporta constante descenso de tarifas y acceso a nuevos servicios.
En el curso del siglo XX, las telefónicas estadounidenses -luego, internacionales-
invirtieron US$ 200.000 millones a precios del 2003 en tender redes que presuponían
una senda única para cada llamada. Las voces se tornaban pulsos eléctricos, igual
que cuando Alexander Graham Bell le copió el teléfono a un inventor francés, en
1875. Generaciones más tarde, aunque los celulares -y sus mutaciones multipropósito-
envíen ondas a torres transmisoras, las llamadas llegan después por aquel mismo
camino. La banda ancha es, sin duda, otro universo.
En este punto, es claro que Cablevision y Time Warner, con sus “triples ofertas”,
se han puesto a la cabeza de una revolución global. Moody´s Investor Service,
una de las dos principales calificadoras de riesgo, sostiene que las compañías
de cable y telecomunicaciones deberán apelar a la triple oferta para seguir compitiendo.
Por lo menos, en las economías centrales.
