jueves, 28 de mayo de 2026

    En 20 años, habrá demasiados viejos

    Durante
    los próximos 20 años, por ejemplo,
    la edad promedio de la población de
    Italia subirá de 42 a 51 años, y la de Japón,
    de 43 a 50. Dado que la gente ahorra menos
    al jubilarse y las nuevas generaciones
    son menos frugales que sus mayores, las
    tasas de ahorro irán cediendo en forma
    sostenida. Hacia 2024, la riqueza de las familias
    en las principales economías será
    aproximadamente US$31 billones inferior
    a la que debiera ser si se hubiesen sostenido
    las tendencias históricas. Así lo afirma
    un reciente estudio del McKinsey Global
    Institute (MGI). Esto y el endeudamiento
    superior a US$7,3 billones que afronta el
    público estadounidense, plantean dilemas
    de corte maltusiano.

     

    Si no se
    frena, la desaceleración global en
    niveles de ahorro irá reduciendo capitales
    disponibles para inversiones y trabará el
    crecimiento de todo el mundo. En Estados
    Unidos, por ahora el envejecimiento pesará
    menos, pues la población es relativamente
    joven, su tasa de aumento vegetativo es
    aceptable y hay un continuo flujo inmigratorio
    (que el actual gobierno federal y varios
    estados tratan de detener y no saben
    exactamente por qué). Pero su ahorro interno
    es casi nulo, aun antes de que la voluminosa
    generación de posguerra comience
    a retirarse. Entretanto, para financiar un
    enorme déficit en cuenta corriente, la segunda
    economía del mundo necesita flujos
    de capital originados en Europa occidental
    y Asia oriental. Aun economías tan
    dinámicas como la de China, no podrán
    generar ahorros suficientes para cubrir la
    brecha.

    Elevar la edad jubilatoria, facilitar migraciones
    –píldora difícil de dorar en una Unión
    Europea xenófoba– o inducir a los matrimonios
    a tener más hijos, tendrían efectos
    escasos o muy lentos.Tampoco es solución
    estimular la economía (debieran aplicarse
    métodos keynesianos o estilo Max Weber,
    hoy tabúes), esperar otra revolución productiva
    o rezar por un milagro tecnológico.
    Para cerrar futuras brechas, será preciso aumentar
    tasas de ahorro y sacar más renta
    de activos existentes.

    Los viejos ahorran poco


    En alrededor de dos decenios, la proporción
    de octogenarios en las economías
    centrales será 2,5 veces mayor que hoy, pues
    ahora se tienen menos hijos y la gente vive
    más,merced a avances médicos. En casi
    un tercio del planeta y la mayoría de países
    prósperos, la tasa de fertilidad a menudo
    no llega al nivel suficiente para mantener
    la cantidad de población.Nacen 1,2 niños
    por mujer en Italia, 1,6 en Gran Bretaña,
    1,4 en Alemania, 1,3 en Japón e igual en
    Estados Unidos.A la vez, la mejora en condiciones
    de vida ha elevado la edad promedio
    de 46 años en 1950 a 66 actualmente.
    En tanto los viejos aumenten respecto de
    la población total, irá bajando la acumulación
    familiar. Los años más ahorrativos del
    trabajador medio van de los 30 a los 50.

    Luego, la curva desciende.

    La relación primaria de ahorro (se obtiene
    dividiendo cantidad de personas en plena
    fase laboral por número de adultos de más
    de 50 años) tiende a achicarse. En Japón,
    entró en el tramo negativo a mediados de
    los ’80. Eso significa que los pasivos superan
    a los activos. Si bien el país parece frugal
    y superahorrativo,la tasa respectiva –no
    la primaria– se ha contraído de 25% en 1975
    a menos de 5% en 2004. Las proyecciones
    anticipan 0,2% para 2024, pues las nuevas
    generaciones ahorran menos. 
    Esta declinación afectará el ahorro total de
    un país según evolucionen los hábitos en
    la vida familiar. Alemania, Japón y Estados
    Unidos muestran ciclos con altas y bajas
    periódicas. Este modelo hace que el envejecimiento
    creciente frene en forma muy
    marcada el ahorro y la riqueza personales.
    En contraste, las curvas más chatas se originan
    parcialmente en la renuencia histórica
    a gastar o endeudarse. A su vez, ello
    refleja recuerdos de épocas traumáticas
    (por ejemplo, la segunda guerra mundial).
    Por tanto, el envejecimiento del promedio
    no afectará tanto.

    Riqueza personal, factor crítico

    En general,los debates sobre envejecimiento
    –especialmente en Estados Unidos– giran
    alrededor del supuesto desmadre en
    costos de jubilaciones, pensiones y atención
    médica. Pero poca atención se presta
    a efectos potencialmente más perjudiciales
    en ahorros, activos y bienestar económico.
    Cuanta más gente se jubile, la contracción
    del ahorro frenará la creación de
    riqueza personal –en los cinco países analizados
    por el trabajo del MGI– en más de
    dos tercios: de 4,5 a 1,3% hacia 2024. Sin
    cambios en hábitos de ahorro o aumentos
    en ingresos, el envejecimiento ejercerá severas
    presiones contra el ahorro y los ingresos
    a escala mundial. Estados Unidos
    está expuesto a la caída más pronunciada
    de riqueza personal, en términos absolutos
    (US$19 billones hacia 2024), por el tamaño
    mismo de su economía. La tasa de
    expansión disminuirá de 3,8 a 1,6%. En Japón,
    ese mismo factor habrá bajado 47% y
    oscilará en apenas nueve billones. 
    En los últimos años, Estados Unidos viene
    absorbiendo más de la mitad de los flujos
    mundiales de capital –lo cual sugiere que
    su productividad económica no es la que
    imaginan tantos analistas financieros–, por
    lo que su déficit en pagos externos representa
    algo más de 6% del PBI. Por el contrario,
    históricamente Japón goza de un
    amplio superávit en cuenta corriente, que
    le ha permitido ser exportador neto de capitales.
    Sobre todo a Estados Unidos. Pero
    la previsible reducción de ahorro personal
    en Japón puede dejar a Washington sin
    esa fuente de financiamiento. Similar suerte
    arriesgan Surcorea y Taiwán, otros dos
    proveedores de fondos. 
    Probablemente, tampoco Europa occidental
    pueda seguir exportando capitales a
    este lado del Atlántico, debido al envejecimiento
    de su población y la contracción
    del ahorro familiar. Del mismo modo, economías
    en desarrollo (por ahora, acelerado)
    como China e India, no serán suficientes
    para cerrar brechas futuras. Incluso si
    Beijing siguiese creciendo al ritmo actual
    (8-9% del PBI cada año), precisaría 15 años
    para alcanzar el PBI actual de Japón y mucho
    más el PBI por habitante. En todo caso,
    Estados Unidos debiera mantener su
    presente ritmo de alza en el consumo, algo
    que sería imposible si los flujos financieros
    exógenos decreciesen. 
    Sea como fuere, el proceso llevaría a un alza
    general en tipos de interés. Por supuesto,
    los mercados asociados al ahorro global
    podrían ajustarse modificando demanda
    y precios de activos. Pero no está
    claro qué factor se impondrá. Algunos
    analistas pronostican menos demanda de capitales, pues la economía
    física dejará
    de crecer. Otros suponen que la demanda
    de fondos seguirá firme, pero sólo si los
    mercados en desarrollo y los países ricos
    tratan de estimular la expansión del PBI y
    la productividad, elevando el monto de
    capital por trabajador (hoy la sapiencia
    convencional hace lo contrario: reduce salarios
    o plantillas laborales en nombre de
    productividad). 
    Una cosa es cierta: a medida que retrocedan
    el ahorro familiar y la disponibilidad
    de capitales, los persistentes déficit fiscales
    elevarán tasas y bloquearán la inversión
    privada.El creciente costo de atención médica
    a pasivos en los próximos años obligará
    a mayor disciplina presupuestaria. Pero
    ésa no es la dirección tomada por Estados
    Unidos bajo George W. Bush.

    Sin salidas fáciles

    Los esfuerzos más enérgicos para promover
    la inmigración tampoco resolverán el
    problema,sencillamente porque ese aporte
    representa una parte insignificante de
    la población total. En Alemania, un aumento
    de 50% en la inmigración neta (a
    100.000 personas por año) elevaría los activos
    familiares apenas 0,7% hacia 2004.
    En Japón, doblar las proyecciones oficiales
    en la materia casi no tendría efectos perceptibles.
    Igual vale para Estados Unidos,
    que marcó los mayores niveles históricos
    de inmigración en la muestra del MGI.
    Dado que la gente no alcanza sus mejores
    ingresos hasta pasar los 35 años, promover
    natalidad tendrá escasas repercusiones
    hacia 2024. Incluso podría empeorar las
    cosas añadiendo niños dependientes de
    una fuerza laboral que ya estará solventando
    un creciente número de pasivos. Por lo
    mismo,subir la edad jubilatoria no surtirá los
    efectos buscados en la mayoría de países.
    Tras la revolución de la tecnología informática
    (TI) y el salto en la productividad
    estadounidense durante los últimos años
    ’90, algunos pensaban que las economías
    avanzadas se las compondrían para superar
    por sí solas el problema del envejecimiento.
    Pero, sin cambios en la relación
    entre ingresos y gastos, un mayor crecimiento
    económico no generaría ahorros
    suficientes para cerrar la brecha. Simplemente,
    porque la mejora de ingresos y nivel
    de vida fomentará mayor consumo.
    La única forma sensata de neutralizar las
    futuras presiones demográficas es que gobiernos
    y personas aumenten sus tasas de
    ahorro y que la economía reasigne mejor
    el capital para promover retornos crecientes.
    Pero eso implica gastar menos en todos
    los estamentos. Particularmente en el
    plano fiscal, con sus erogaciones tan contraproducentes
    como los subsidios a actividades
    no competitivas y el presupuesto
    militar. 
    En lo tocante a mercados de capitales, sus
    características varían ampliamente y resultan
    en retornos diferentes.De 1975 a 2004,
    la tasa promedio de apreciación en activos
    financieros en Estados Unidos y Gran
    Bretaña ha estado cerca de 1% deflacionado.
    Al revés, los activos financieros japoneses
    han venido depreciándose a razón de
    1,8% anual en esos 20 años. Esas tasas reales
    también han sido negativas en Alemania
    e Italia. Británicos y norteamericanos
    compensan el factor acumulando riqueza
    vía firme reapreciación de activos
    (lo cual entraña inflación de precios). Japoneses
    y europeos continentales invierten
    a tasas superiores pero acumulan menos
    activos, pues sus ahorros generan retornos
    neutros o negativos. En el período
    señalado, las ganancias de capital no realizadas
    elevaron casi 30% el valor de los activos
    financieros en poder de familias británicas.
    Pero, en Japón, esos mismos activos
    bajaron. En Europa occidental, excepto
    Gran Bretaña, se quedaron en el medio.

    Cuestión de conductas
    En ese contexto, aumentar tasas de retorno
    sobre el total de ahorros familiares en
    los cinco países estudiados por el MGI (alrededor
    de US$56 billones) podría neutralizar
    gran parte de la futura depreciación
    de activos. Lograrlo exigirá una intermediación
    financiera de mejor calidad y no
    tan leonina, a fin de que los ahorros se canalicen
    hacia inversiones más productivas.
    Para alcanzar esta meta, los responsables
    de políticas deben alentar competencia e
    innovación en el negocio bancario, afinar
    amparos legales a inversores (y acreedores),
    asegurar transparencia y acabar con
    el trato preferencial a empresas con nexos
    políticos, relaciones con accionistas o grupos
    de interés. 
    En muchos países, las nuevas generaciones
    ganan más y ahorran menos que sus
    antecesoras. Esta diferencia es factor relevante
    en la contracción de los activos personales
    en Estados Unidos y, sorprendentemente,
    en Japón. Si la población activa
    actual ahorrase como lo hacían padres y
    abuelos, un cuarto de esa merma se habría
    compensado hacia 2024 en Japón y un
    tercio en Estados Unidos. 
    Persuadir a los jóvenes para ahorrar más
    es tarea difícil, sin duda, por lo cual los incentivos
    tributarios han dado resultados
    parciales.Contra lo que sostiene la sapiencia
    convencional, la mayor culpa en varias
    economías –afirma el MGI– no la tiene el
    exceso de endeudamiento.Si bien las obligaciones
    personales han subido mucho
    más rápido que los activos desde 1982,
    poner en caja el crédito a individuos disminuiría
    apenas US$2,3 billones (7,5%) el
    deterioro de activos en 2005-24. Igual,
    desdeñar ambas cifras no parece atinado
    por parte de los expertos. 
    En realidad, la clave para estimular el ahorro
    reside en superar la inercia. En el caso
    de los gobiernos, pueden elevar sus tasas
    de ahorro mediante un mecanismo a su
    alcance directo: reducir el déficit fiscal y
    no otorgar paquetes de beneficios impositivos
    a sectores privilegiados.