miércoles, 27 de mayo de 2026

    ¿Cuáles serán los límites de

    Estas
    interacciones con clientes le permiten a Dell visualizar cada problema como
    defecto potencial de hardware, software o documentación, pasible
    de ser eliminado en unidades subsiguientes. Dicho de otro modo, la compañía
    reduce gastos en el servicio al usuario y, al mismo tiempo, emplea esa misma
    red para mejorar calidad de productos.
    En su mayoría, las operaciones de servicio (sean en empresas enteras,
    sean dentro de ellas) siguen lejos del "modelo Dell". Pero el
    problema no es que se ignore al usuario, sino que se le presta atención
    inadecuada. Así, en aras de "centrarse en el cliente",
    las empresas agregan productos o servicios, creando una maraña de
    puntos de contacto a menudo redundantes.
    Por ejemplo, añadir una línea de atención para un nuevo
    programa de crédito o un plan de telefonía móvil parece
    inocuo. Pero, cuando docenas de esas actividades se juntan, su efecto encarece
    el servicio y lo torna ineficaz o engorroso. Con frecuencia, esa política
    genera un servicio por demás personalizado, que muchos clientes no
    necesitan ni aprecian.
    Para peor, los costosos sistemas CRM (gestión de relaciones con el
    cliente) y similares, destinados a manejar cataratas de datos vía
    telefónica, han hecho poco para mejorar la eficiencia o promover
    la venta cruzada.
    Con crecientes costos de servicio y sin retornos proporcionales, la gerencia
    superior se ha puesto impaciente y plantea preguntas como éstas:
    ¿Por qué no aumentan los ingresos relacionados con el servicio
    al cliente?, ¿por qué los centros de llamados siguen teniendo
    problemas para dar buena atención a bajo costo?, ¿por qué
    no son fuentes de inteligencia para desarrollar productos, marketing y ventas?

    Industrias
    ágiles

    Los ejecutivos que manejan servicios u operaciones pueden encontrar respuestas
    a esos interrogantes fijándose en el éxito de empresas industriales
    ágiles. Desde los años ´70, varias de ellas tratan de reaccionar
    a la demanda por productos de mejor calidad y a la competencia de emprendedores
    más eficientes.
    Esta puja ha resultado en varios métodos para reducir costos y
    elevar desempeño; desde calidad total a justo a tiempo y flujos
    de negocios a medida (TBS, tailored business streams). Pero ¿hasta
    dónde llegó la industria o deben llegar los servicios?
    Al respecto, estadísticas sobre productividad elaboradas por el
    departamento estadounidense de Trabajo, sobre una muestra de industrias
    y servicios, indican que -de 1971 a 2004-, el desempeño de la manufactura
    se ha triplicado. Pero el de servicios (finanzas, seguros, bienes raíces)
    ha subido apenas 40%.
    Amén de cifras, el valor potencial de un modelo de servicios más
    ágil y ligero reside en las siguientes condiciones:
    o Mejorar operaciones y reducir costos mediante velocidad y calidad.
    o Separar entre características comunes y peculiaridades de un
    producto o servicio, a fin de explotar al máximo los procesos personalizados.
    o Adoptar TRB para segmentar ofertas, reservando los procesos más
    flexibles a productos dirigidos a clientes que los requieran y puedan
    pagarlos.
    o Transferir decisiones y responsabilidades a gerentes y agentes en contacto
    directo con clientes o usuarios.

    Rapidez
    y calidad

    Acelerando operaciones, un negocio se hace más ágil y capaz
    de reaccionar velozmente a las condiciones del mercado y las demandas
    del cliente. Al centrarse en la calidad, las empresas pueden disminuir
    el tiempo insumido en modificar procesos, arreglar o cambiar productos
    dañados y tramitar reclamos.
    Pero calidad y celeridad deben ir juntas. En el plano industrial, el exitoso
    programa de calidad lanzado por Ford Motor a principios de los ´80 es
    un excelente ejemplo. La compañía redujo notablemente la
    tasa de defectos invirtiendo en controles de la línea de armado.
    Simultáneamente, acortaba tiempos entre concepción y producción,
    lo que le permitía responder más rápido a cambios
    de gustos. Esta estrategia se vino abajo recién cuando la firma
    empezó a priorizar velocidad sobre calidad, con la idea de expandirse
    internacionalmente.
    La aplicación de inteligencia artificial al servicio de clientes
    de Dell, subraya un modelo que combina rapidez y calidad. La firma usa
    información recogida vía llamados para mejorar productos,
    lo cual -a su vez- lleva a menos reclamos (costos menores del servicio)
    y usuarios más satisfechos (mayores ventas).
    Al separar lo común de lo personalizado, las compañías
    pueden emplear plataformas modulares, con el objeto de obtener mayores
    márgenes de los aspectos personalizados en cada producto. De paso,
    promueven más selectividad ahí donde los retornos potenciales
    justifiquen costos. De ese modo, a un banco le resulta caro ofrecer desde
    tarjetas de crédito hasta inversiones complejas mediante un solo
    centro de llamadas. Por un lado, Internet es perfecta para operaciones
    rutinarias, en tanto el teléfono se reservará a clientes
    selectos.
    Los costos de manufactura en líneas que mezclan varios productos
    aumentan cuando hay cambios frecuentes en planta, que estiran tiempos,
    costos administrativos y gastos de capital. En servicios, la variedad
    excesiva eleva costos de complejidad, saturando el sistema con muchos
    procesos segmentados, centros de atención y gastos en capacitación
    de operadores.
    TBS y responsabilidad directa
    El concepto de flujos de negocios a medida (TBS) presupone que 80% de
    los reclamos es rutinario, pero que hacen falta procesos más flexibles
    (y caros) para atender el restante 20%. Para industrias o servicios, los
    TBS reducen costos, elevan niveles de atención, preservan agilidad
    y alcanzan un alto grado de diferenciación sin comprometer las
    economías de escala.
    Por cierto, muchas empresas segmentan los flujos de servicios. Pero muy
    pocas simplifican los procesos básicos, donde el empleo de TBS
    puede promover ahorro de gastos y mejora de desempeño.
    También requieren menos intervención de la gerencia superior.
    En efecto, las operaciones de sintonía fina representan un sólido
    conjunto de instrumentos sistémicos, que permite al personal adoptar
    decisiones propias. Brindan principios, no normas rígidas, para
    enfocarse en transacciones y atención al cliente.
    Por supuesto, otorgar facultades decisorias al personal implica riesgos.
    Verbigracia, una gerencia media bien intencionada, pero chapucera, puede
    interferir en procesos de mejora y dejar a la compañía como
    al principio. Por otra parte, un mayor nivel de infraestructura exige
    mantenimiento, adiestramientos y más gente, por lo cual puede distraer
    al personal de su tarea básica: atender al cliente.
    Para evitar desbordes de complejidad, se precisan políticas que
    involucren consenso del grupo y notificación previa, antes de que
    el empleado internalice sistemas más allá del modelo operativo
    existente. Esos mecanismos organizativos, una vez en acción, permitirán
    que la autoridad y la responsabilidad puedan extenderse a niveles jerárquicos
    de base.
    Aplicando ideas hasta hace poco ajenas a los servicios -estima el trabajo
    de Booz Allen Hamilton-, como velocidad, calidad, diferenciación
    en escala o responsabilidad del personal, el sector se moverá hacia
    parámetros productivos de la actividad industrial.