Hacia
enero de 2005, todos debían adherir etiquetas especiales a cajas
y otros embalajes destinados a locales de la cadena y Sam´s Clubs en el
área Dallas/Forth Worth, Texas.
Ésta y otras experiencias, fueron recientemente analizadas por Infosys,
una compañía global de consultoría y servicios en tecnología
informática (TI), durante una conferencia de Wharton sobre el tema.
Por supuesto, la tecnología RFID ya estaba en operaciones -por ejemplo,
en la industria automotriz y el Pentágono-, pero hacía falta
un gigante como Wal-Mart para llevarla a los consumidores.
Es interesante notar que, pese a ser una tecnología muy en el candelero,
RFID no es cosa nueva. Fue inventada en 1948 por Henry Stockman pero, hasta
fines de los ´90, no existía la infraestructura necesaria para ponerla
en funciones. En efecto, hacían falta tres componentes: la etiqueta
(un chip de memoria integrado a una transpónder), un lector y la
computadora anfitriona de ambos. A 57 años de concebida, 2005 será
un momento clave para la consolidación entre tecnología y
vendedores de software. Con parámetros y protocolos en línea
(vía EPCglobal Network), los proveedores pueden ya largarse a campo
abierto.
No descuidar
ni una vaca
Las empresas usuarias que desean ir más allá de pegar una
simple etiqueta se enfocan en dos estrategias: coto cerrado -dentro de
la empresa- y cadena de abastecimiento. Esta opción abarca proveedores
de envases y embalajes, contratistas industriales, logística a
cargo de terceros y minoristas.
Los sistemas cerrados son un adecuado punto de partida, porque las empresas
pueden evitar problemas relativos a normas industriales y sincronización
con socios externos. Las opciones son ilimitadas. Así, Infosys
emplea RFID para monitorear computadoras portátiles en sus oficinas
en diversos puntos del planeta. Las automotrices la aplican en sus plantas,
para seguimiento de partes. La Secretaría de Defensa estadounidense
usa igual tecnología para detectar movimientos de vehículos
blindados y tropas de ataque. Pero más original es la Secretaría
de Agricultura, empeñada en ponerle a cada vaca una etiqueta identificatoria
por radiofrecuencia, con el objeto de localizar fácil y rápidamente
los vectores de cualquier mal o enfermedad bovina.
Naturalmente, la perfección en la materia se logrará cuando
sea posible monitorear cada componente en cada fase de un proceso. Esto
implicaría, por ejemplo, vincular piezas armadas en China con embalaje
o envasado en Japón, envíos vía Unión Europea
y distribución en Estados Unidos. Por lo común, en cada
eslabón de esa cadena pueden surgir trabas o errores. Aplicar radicalmente
la tecnología RFID a un proceso completo, previene esas contingencias.
Pero "también se precisan procesos radicales para aprovechar
la propia información recogida por esa tecnología",
advierte Morris Cohen, experto en gestión de servicios y operaciones.
No obstante, admite estar impresionado por lo que la RFID puede hacer
aplicada a una cadena de abastecimiento: "Dado que existen niveles
sorprendentemente altos de error en inventarios, cualquier recurso que
informe mejor sobre lo que realmente hay en locales o depósitos,
debe ser valioso".
Empero, la información por sí sola no resuelve problemas
en la cadena de abastecimiento. Cohan cita el caso de los alimentos envasados:
"En una sola góndola es posible tener rubros perecederos que
venzan en dos, diez o quince días. Sería bueno conocer la
fecha de expiración de cada pieza. Pero carecemos de sistemas aptos
para aprovechar bien los datos extraídos por RFID. Podemos nadar
en datos a la postre insuficientes. Por ende, la clave es saber qué
hacer con ellos".
Un colega de Cohen, Gérard Cachon, es igualmente realista en cuanto
a la tecnología y recomienda no ver en ella una panacea al instante.
Basándose en investigaciones propias, sostiene que obtener más
datos no es necesariamente una solución: "La verdadera clave
reside en reducir tiempos".
Así, el procesamiento de órdenes es un elemento decisivo.
En los ´80, el minorista las enviaba por carta, fax o teléfono.
El proveedor las verificaba y las trasladaba al depósito, que juntaba
los rubros y los cargaba en un medio de transporte (camión, tren,
barco, avión). Más tarde, el proceso fue incorporando tecnología,
hasta el punto de permitir que las órdenes se transmitan por medios
electrónicos. Hoy hay más información que nunca,
sí, pero no se traduce necesariamente en mayor celeridad.
"La tecnología puede decirnos en qué punto de la cadena
de abastecimiento está un producto -observa Cachon-, pero es bastante
difícil sacar ventaja de ese dato, porque no hace falta mayor inteligencia,
sino mayor rapidez. Si es factible achicar el tiempo -digamos a la mitad-,
se obtendrá un verdadero impacto positivo en el negocio".
Ropa inteligente
versus privacidad
En tanto, las etiquetas RFID se emplean mayormente para embalajes, al
menos en casos como el programa piloto de Wal-Mart. Algunos minoristas
han dado un paso adelante y marcan artículos individuales. La cadena
británica Marks & Spencer empezó a experimentar con
la tecnología en abril de 2003, poniendo etiquetas inteligentes
a camisas, sacos, pantalones y corbatas de hombre en un solo local. Al
año, extendió el programa a nuevos salones y acaba de anunciar
que serán 53 hacia abril de 2006.
A diferencia de los ingleses, Wal-Mart no emplea RFID para recoger datos
adicionales sobre los clientes y sus pautas de compra. Es decir, su sistema
no contiene información personal.
Ello no significa que hayan desechado para siempre el recurso (una especie
de cookie incorporada al chip de las etiquetas) pues, en recientes comunicados
de prensa sobre la experiencia piloto, dejan la puerta entreabierta a
la RFID personalizada. "Obviamente, entendemos y respetamos las preocupaciones
del consumidor por su privacidad", indica Linda Dillon, vicepresidente
de la firma. "Por eso, aclaramos que nuestras etiquetas no recogen
datos adicionales sobre los compradores. De hecho, en un futuro cercano
ni siquiera habrá lectoras RFID en nuestros salones de ventas".
Según la ejecutiva, los temores de la gente sobre RFID son similares
a los que surgieron al aparecer los códigos de barras, a principios
de los ´80, y carecen de asidero. Pero hay varios grupos que no piensan
igual sobre ciertas tecnologías lesivas para la privacidad. Consumers
against supermarket privacy invasion and numbering (Caspian) exige ya
estrictas normas sobre uso de RFID a escala individual.
En noviembre último, Caspian, American Civil Liberties Union (Aclu),
Electronic privacy information center (Epic) y otros difundieron una declaración
de principios pidiendo frenar el etiquetamiento artículo por artículo.
Eso hasta que se hagan evaluaciones serias sobre la tecnología.
También proponen leyes federales sobre la cuestión y una
medida que obligue a informar públicamente qué productos
de consumos contienen dispositivos RFID.
Mientras no exista ese tipo de recaudos, Caspian recomienda al público
"votar con el bolsillo". De ahí el boicot a Gillette
y otras empresas que emplean etiquetas individuales a escala estadounidense.
En el ámbito mundial, apoyan el boicot a Tesco, cadena minorista
británica que aplica RFID personalizada. "No permita que Tesco
lo espíe", es el lema de la campaña.
Mientras tanto, se amplían los usos potenciales de la tecnología.
El negocio aerocomercial se interesa en ella para monitorear equipajes
y reducir la tasa de desvíos y extravíos. El problema es
que cada aerolínea debiera invertir decenas de millones para adaptar
la RFID al seguimiento de valijas
En cuanto al futuro, Infosys no prevé el lanzamiento indiscriminado
de programas RFID, pues "existe un saludable escepticismo al respecto".
En esta materia, la novedad queda neutralizada por los costos de entrada
y las dudas sobre su rentabilidad. Pero, bien orientada, esta tecnología
podría movilizar unos US$600.000 millones dentro de diez años.
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