jueves, 16 de abril de 2026

    Detroit ya nunca será la de antes

    Para
    ilustrar el punto, repite la frase inicial de un informe sobre perspectivas
    difundido por GM a fines de 2003: “Lo nuevo de nuestra estrategia
    para 2004 es nada”. Algo tan temerario como eso es arma de doble
    filo: se quiso decir que la mayor automotriz del mundo estaba tan dedicada
    a dar vuelta su mala fortuna que no veía razones para encarar cambios.
    Pero, a más de un año, eso suena a fanfarronada: el primer
    trimestre de 2005 deparó pérdidas por US$ 1.100 millones,
    las peores desde 1992.
    Dos semanas antes de difundirse esa cifra (14 de abril), el presidente
    y director ejecutivo Richard Wagoner anunciaba un reforma en la conducción
    y sumaba a sus cargos el de director de la nada rentable división
    norteamericana (EE.UU.-Canadá). Además, las operaciones
    europeas pierden dinero desde hace cuatro años y la agencia Moody’s
    rebajó la deuda de la empresa a justo un escalón por encima
    de chatarra. En tanto, los costos de atención médica y programas
    jubilatorios parecen incontrolables. A su vez, las acciones cedieron un
    tercio entre el 31 de diciembre y mediados de abril.

    No es el único
    El gigante no está sólo. El 11 de abril, la cotización
    bursátil de Ford Motor fue muy castigada tras saberse que la firma
    reducía a la mitad las perspectivas de ingresos y utilidades para
    todo el año. Eso afectó la cotización en Wall Street
    de muchas autopartistas. Días después, la compañía
    reveló que las ganancias netas (US$ 1.100 millones) eran 38% inferiores
    a las de un año antes.
    En Alemania, explotaba la asamblea de DaimlerChrysler, cuando los principales
    accionistas le dijeron de todo al CEO Jürgen Schrempp y exigieron
    su renuncia. En seis años de gestión, todos los balances
    fueron negativos y el deterioro sumaba 50% al terminar 2004. El motivo
    es simple: desde que absorbió Chrysler, virtualmente en quiebra
    (1998), no ha podido absorber el impacto. Ahora, muchos expertos sectoriales
    sostienen que la firma debe volver a ser Daimler Benz, especialmente para
    salvar a Mercedes, la joya de la corona, cuyas ganancias han caído
    97% por problemas de calidad, algo impensable en la marca. Algunos medios
    alemanes descuentan ya el despido de Schrempp y la escisión de
    Chrysler (se dice que la compraría una surcoreana).
    En Gran Bretaña, la otrora célebre MG Rover cerró
    el 15 de abril y dejó a 11.000 personas en la calle. Entretanto,
    Toyota, Honda, Nissan, Hyundai, Kia y otras firmas orientales continúan
    arrebatándoles mercados a sus rivales norteamericanas. Como si
    eso fuera poco, algunas compañías chinas se perfilan como
    exportadoras potenciales, es decir competidoras de japonesas, sucoreanas
    y europeas en la plaza mundial.
    ¿Qué está pasando? A criterio de analistas en Wharton
    y otros centros académicos, el negocio ha sufrido durante años
    cambios fundamentales, pero éstos están acelerándose.
    De ahí que “globalización” sea mala palabra
    en Detroit: define un trauma e indica que las cosas ya nunca serán
    como antes. Los recientes sacudones se deben, claro, a que empresas orientales
    y hasta algunas europeas invaden dominios otrora exclusivos de las estadounidenses.

    Esos defectos…
    A juicio de un trabajo publicado en Knowledge@Wharton, Detroit no ha hecho
    lo bastante para detener el retroceso en mercados propios y ajenos. Una
    de sus defectos fundamentales es la incapacidad de ver al cliente como
    prioridad clave, por lo cual las empresas suelen aferrarse a modelos más
    que maduros, imaginándose que la gente volverá a comprarlos.

    En ese plano, MacDuffie subraya que Ford y GM persiguen estrategias de
    corto aliento, apoyadas en “modelos de alto impacto”, en vez
    de adoptar esquemas a largo plazo, más versátiles y flexibles.
    Así, la industria ha sobreexplotado modas como las camionetas chicas
    o los utilitarios deportivos a tal extremo que, ahora, dependen de esas
    líneas como fuentes de ganancias, sin prestar atención a
    otros temas.
    O apelando a maniobras de corto vuelto. Como hizo Wagoner a principios
    de mayo, “acordando” una iniciativa del especulador Kirk Kerkorian:
    elevar a 8,8% sus tenencias accionarias para hacer subir el panel en Wall
    Street…, dos días después de saberse que las ventas de
    abril habían sido un desastre.


    La coronita la tiene el cliente
    La consultora JD Power & Associates advierte que la calidad ya no
    es el mayor factor diferenciante. En años venideros, los concesionarios
    pasarán a primer plano y serán decisivos para hacer una
    venta o perderla.
    Los usuarios de 50 años para arriba han visto tantos adelantos
    que, para ellos, es el mejor de los mundos. Pero los menores de 30 o 35
    tienen expectativas superiores. Por cierto, la industria norteamericana
    ya no carga con el estigma de fabricar latas, pero la calidad sigue preocupando
    al público. En los años ´90, la Ford Explorer sufrió
    la mala publicidad derivada de problemas con cubiertas Firestone. Más
    recientemente, una intocable como Mercedes anunció, en abril (mes
    por lo visto fatídico para las automotrices), el retiro de 1.300.000
    coches. Las unidades no lograban que sus complejos componentes de software
    operasen en conjunto.
    Otro experto, Matthias Höllweg (universidad de Cambridge, Inglaterra)
    cree que las automotrices norteamericanas debieran aprender de las europeas.
    “Las que finalmente lideren no serán las que insistan en
    vehículos grandes, como hace Wagoner en GM”. A su criterio,
    “debieran pensar en el usuario, sus preferencias y necesidades,
    al estilo europeo”.

    Fordismo no, China sí
    La industria en Estados Unidos “sigue empleando técnicas
    similares a las del Ford T. Si bien el producto se ha refinado enormemente,
    los procedimientos de construcción datan del viejo Henry y su legendario
    modelo masivo en serie”. Por ende, las compañías creen
    que “explotar hasta 100% de la capacidad instalada en el método
    más eficaz, pues permite minimizar los costos unitarios. En realidad,
    la subutilización de capacidad instalada es uno de los problemas
    citados más a menudo por las automotrices”.
    De acuerdo con The Economist, las fábricas pueden producir 80 millones
    de vehículos anuales, pero hoy no entregan más de 60 millones.
    Pero, afirma Höllweg. “esta mentalidad fordista no genera ventajas
    competitivas sustentables. Año a año, quedan demasiados
    vehículos sin vender. Para reducir existencias, las empresas ofrecen
    millones en incentivos, esperando captar compradores potenciales con rebajas
    y financiamiento a tasa cero. Pero todo eso castiga sus balances”.
    Por el contrario, “la gente quiere coches más adaptados a
    sus requerimientos. Si Renault y VW dan ganancias, en tanto Ford o GM
    sufren pérdidas, es porque escuchan al cliente”. Sin explicar
    la diferencia entre un auto personalizado y uno adoptado a las exigencias
    del mercado, el experto alemán señala que la mitad de los
    coches europeos se termina “casi” a medida, contra apenas
    5% en EE.UU.
    Se trata, naturalmente, de rubros como el color externo, los equipos de
    audio e ro/M_Productos/M_Mercado/M_2005/M_Junio/htm/imagenesn o el tapizado. Por ende, satisfacer al comprador no es
    difícil. Por de pronto, dos tercios de usuarios norteamericanos
    dicen estar dispuestos a esperar tres semanas por un autor de su color
    favorito.
    Entretanto, China se avecina. Las automotrices occidentales tienen presencia
    allá desde hace mucho, vía emprendimientos conjuntos con
    firmas locales (exigidos por Beijing, que no cree en globalizaciones unilaterales),
    para armar o vender vehículos en un mercado por demás dinámico.
    Pero, en un futuro nada lejano, esas mismas empresas verán a China
    convertirse en exportadora de autos a EE.UU. y otras plazas.
    Malcolm Bricklin es uno que apuesta a producir vehículos de buena
    calidad a bajos precios, orientados a exportación. Experiencia
    tiene: introdujo en el hemisferio occidental el Subaru, con notable éxito.
    En 2007, su firma, Visionary Vehicles, importará a EE.UU. coches
    de Cherry Automobile, China.
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    El
    reverso de la medalla

    En
    el mercado interno, soplan otros vientos, totalmente distintos
    al clima que soporta la industria en Estados unidos. Fruto de
    la recuperación económica y del crecimiento desde
    niveles bajísimos, el sector vive un auge que entusiasma
    a todos los sectores.
    Las ventas de unidades automotores este año, seguramente
    superarán a las de 1999, cuando se situaron en casi 400.000
    vehículos. La recuperación es incesante, a pesar
    de la insuficiencia de crédito bancario por el momento.
    Muchas terminales ensayan financiación propia. El punto
    más bajo fue 2002 (con niveles parecidos a los de la década
    de los ´60).
    Las estimaciones aseguran que se terminará el año
    con 360.000 vehículos patentados.
    La meta del sector es llegar a vender 500.000 unidades anuales,
    de las cuales la mitad debería ir a exportación,
    aunque todo el mercado interno se sitúe en medio millón
    de vehículos.
    No son todas rosas. Habrá que solucionar problemas de asimetría
    con Brasil; asegurar líneas de crédito; y aumentar
    la colocación de autos más caros. El segmento de
    autos premium estará en torno a 10.000 unidades.