miércoles, 29 de abril de 2026

    Syrah, genealogía de la sensualidad

    Por Martín Cucorese


    Los orígenes del Syrah dieron para todo. La mitología se antepuso a la ampelografía y, entonces, algunos vislumbraron que el gran poeta persa Omar Kayyham (1040-1121) aludía a él, en muchos de sus hedonistas poemas. Shiraz, según la vulgata australiana, también remitía a este mítico origen. Otros lo asociaron a Siracusa (Italia). Bajo las tinieblas del pasado, la fantasía nutría la incertidumbre. No fue Dan Brown en El Código Da Vinci, quien creyó también encontrarlo en La Última Cena, debido a la proximidad (¿?) de Jerusalén con Persia.

    A la hora de tirar hipótesis más de uno se zambulló sin saber que había abajo. Ahora, su origen, para desazón de muchos, comienza develarse gracias a la paciencia de la genetista Carole Meredith (Universidad de Davis, EE.UU.) quien viene realizando una serie de investigaciones del ADN de diversas uvas. Sus últimos estudios se concentraron en el Syrah y vino a tirar por tierra todo lo dicho hasta hace poco. El Syrah es un cruce espontáneo entre variedades autóctonas de Europa. El ADN señaló como padres a los cepajes Mondeuse Blanche de los Alpes suizos franceses y Dureza, proveniente del valle del Ródano (Francia).

    Si la realidad puso dique al exotismo, en nada menoscabó el auge del Syrah urbis et orbis. En los viñedos de California (EE.UU.), siempre tan marketineros, su presencia está creciendo. En Australia, ya se sabe, la fiebre continúa; no hace mucho una botella de Shiraz Grange Penfolds 1951, el primero elaborado por esta bodega, fue pagada en us$ 27.000. Nada mal para un vino del Nuevo Mundo. En nuestro país, también seduce. De las 687 Ha en 1993, a la actuales 10.212 Ha (Fuente INV Abril 2004) fue el cepaje de mayor crecimiento en de la última década.

    Todo comenzó hace apenas unos años, cuando el Syrah hizo su estelar aparición a través de un enólogo, Antonio Mas, y de una pequeña bodega, Finca La Anita. Dos cosechas excepcionales, 1995 y 1997, lo puso en boca de todos. El Syrah Finca La Anita colocó a este cepaje en lo más alto y lo asoció, en el nivel local, a la seducción; algo que hasta ese momento ningún cepaje tinto había conseguido.

    De allí en más, otros bodegueros comenzaron a mirarlo más seriamente. La provincia de San Juan lo adoptó como propio, siguiendo el modelo australiano. Y hace unos pocos años, desde el Valle de Fiambalá (Catamarca) se comenzó a tejer una nueva historia de este cepaje en el país.

    En cada una de estas provincias, el Syrah adquiere características distintas. Los sanjuaninos dan tintos de notable concentración con aromas frutados y especiados. Sin embargo, por cuestiones históricas de inserción en el mercado, todavía no se animaron a embotellar un Syrah top. Es decir, nos encontramos con propuestas nobles pero de la franja de precios económicos. En cambio, la bodega Finca Don Diego, quien impuso el Syrah a la catamarqueña, logró colocar sus varietales en la zona de alta calidad. A diferencia del resto, los Syrah del Valle de Fiambalá (Catamarca) tienen una impronta más salvaje. Por último, los provenientes de Luján de Cuyo y Maipú (Mendoza) alcanzan un notable equilibrio entre elegancia y concentración. Son tintos que se llevan bien con el paso por barrica y tienen una noble crianza en botella.

    El Syrah ocupa en nuestro país el cuarto lugar en superficie cultivada de variedades tintas. Su crecimiento ha sido arrollador; también la respuesta de los vinófilos quienes lo han adoptado con el mismo fervor que el Cabernet Sauvignon o el Malbec. Pero no sólo conquistó a los expertos también ha generado entre el público femenino una rara devoción, a pesar que ya no hay arena ni dátiles y su origen haya mudado a los valles alpinos.





    Valbona Syrah 2003

    Bodega: Augusto Pulenta.

    Sanjuanino en todas sus líneas, este varietal Syrah ideal para todos los días. Tiene aromas de intensidad media que recuerdan algunas especias (pimienta, clavo, hasta leve canela) y matices a frutas rojas. En boca, tiene cuerpo y final medios. Una buena opción para adentrarse en los vericuetos místicos del cepaje.



    Los Cardos Syrah 2003

    Bodega: Doña Paula.

    Un varietal mendocino muy interesante. De notable color rojo violáceo y aromas frutados (nota a ciruelas) y especiados. Seduce en boca por su paso sabroso y su textura. Es untuoso y tiene un final de persistencia media muy agradable. Por sus características conquista cualquier paladar.



    Terrazas Syrah 2002 Reserva

    Bodega: Terrazas de los Andes.

    Elegante, esa es la característica principal de este vino. Encontró un notable balance entre su paso por barrica y el cepaje. De color rojo profundo con reflejos violáceos, típico de la variedad. Aromas de intensidad media frutados y especiados (vainilla, romero). De cuerpo medio y paso amable, todo en él es armoniosamente medido. Distinguido, crece en la mesa.



    Don Diego Syrah 2004 Reserva

    Bodega: Finca Don Diego.

    Sensual y salvaje a la vez, es este Syrah del Valle de Fiambalá (Catamarca). Los aromas moran un poco tímidos, con decantador es un trámite de apenas media hora. Luego, despliega notas a frutos negros y las obligadas especias (romero, pimienta). Pasó ocho meses por barrica roble francés que le otorgaron recuerdos a café torrado y recuerdos ahumados. En la boca tiene su volumen y un final muy sabroso.



    Perdriel Colección Syrah 2002

    Bodega: Norton.

    Sabroso varietal, muy bien elaborado. Está entre lo mejor de esta tradicional bodega, en general, la línea Colección tiene muy buenos vinos. De aromas complejos bien ensamblados (frutas, especias y notas de barrica). En boca, seco con un paso muy amable. Final persistente que invita a seguir bebiéndolo.



    Finca La Anita Syrah 2003

    Bodega: Finca La Anita.

    Clásico y seductor. La cosecha 2003 de este ya legendario varietal, dio un vino de notable concentración. Medido paso por barricas de roble francés nuevo, en buen ensamble con las notas frutadas y especiadas del cepaje. Untuoso y rico con paso aterciopelado que termina en una largo y sabroso final. Por sus características seguirá creciendo en botella. Para beber ya y para guardar, imprescindible tener varias botellas.