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Notas:
1- Importaciones de la UE 15 desde el Mercosur entre 1999 y 2001.
2- Arancel base para la desgravación. Para la UE se calculó
los equivalente ad valorem.
3- Importaciones del Mercosur desde la UE entre 1998 y 2000 en miles de
US$
Fuente: abeceb.com en base a informaciones oficiales.
Tomando en cuenta las últimas ofertas realizadas por ambas partes,
y proyectando las desgravaciones propuestas en cada caso, se llega a la
conclusión de que el Mercosur en los próximos 10 años
haría un mayor
esfuerzo en reducción arancelaria que la Unión Europea.
En una década, el Mercosur reduciría el arancel
promedio de su canasta de bienes de 10,8% a 1,6%; mientras que la UE lo
haría de 7,3% a 2,3%.
La situación del Mercosur
Tercera etapa de la integración en el desarrollo del bloque regional
Desde el momento en que Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay decidieron
conformar el Mercado Común del Sur (Mercosur), el favorable contexto
internacional y la gran potencialidad que en aquel entonces prometía
el bloque, impulsaron un rápido desarrollo en la región.
Las políticas internas de los países se orientaron en busca
de un crear un ambiente interno estable que funcionara a manera de imán
de las inversiones extranjeras.
En estos primeros años se produjeron importantes ganancias para
todos los países, tanto en términos de reducción
de los indicadores de pobreza, crecimiento del PIB, inversión,
ingreso per capita y comercio intrazona.
Sin embargo, a la postre se observaría que la buena coyuntura de
aquel entonces desvió el foco de atención, impidiendo percibir
un cúmulo de dificultades que permanecieron latentes: las imperfecciones
de las que adolecía el Mercosur, y las diferencias en los modelos
económicos aplicados por la Argentina y Brasil, que ahondaban la
brecha de competitividad en la industria.
Brasil estaba embarcado en la aplicación de políticas desarrollistas
que buscaban potenciar la competitividad industrial, mientras la Argentina
realizó una política más aperturista, de corte más
liberal, complementada con la atracción de inversiones que se canalizaban
por medio de un proceso fuerte de privatizaciones.
En tanto el contexto internacional continuó generando “viento
de cola”, no se prestó atención a las asimetrías
de fondo de los países, pero cuando a partir de 1998 se produce
una secuencia de crisis repentinas en las economías del sudeste
asiático, la incertidumbre y la desconfianza de los inversores
se hicieron extensivas a todos los países emergentes. El flujo
de capitales externos se redujo sustancialmente, 48% entre 1998 y 2002,
y los países del bloque comenzaron a rivalizar por atraerlos hacia
el interior de sus fronteras. Los recurrentes déficit de cuenta
corriente comenzaron a hacerse insostenibles y se hizo inevitable la devaluación;
primero en Brasil y más tarde, y de manera más traumática,
en la Argentina.
A pesar de las dificultades, durante esta etapa los cuatro países
comprendieron que la única manera de enfrentar las dificultades
internas y las amenazas externas era haciéndolo en forma conjunta
en el ámbito del Mercosur, aprovechando tanto las ventajas de un
mercado más amplio, como una mayor escala de producción
y mayor eficiencia en las cadenas productivas.
Comienza de esta manera lo que podría definirse como una tercera
etapa de la integración, con la adopción de políticas
macroeconómicas más consistentes, haciendo hincapié
en el sostenimiento de superávit gemelos y la ejecución
de una política cambiaria que otorgue competitividad internacional
a la producción local. Por su parte, el modelo se complementa por
medio de políticas microeconómicas de asistencia a la producción
industrial.
Las famosas asimetrías
Este tercer capítulo en el proceso de integración dista
de ser equivalente al primero. En principio, se mantienen vigentes ciertas
tensiones entre los países, las cuales han recibido el nombre de
“asimetrías”. Sin duda, la reciente crisis ha dejado
su particular impronta sobre el estado de las economías regionales:
mientras que Brasil continuó desarrollando su sector productivo,
fortaleciendo la competitividad de su industria y mejorando la inserción
internacional, la Argentina en este sentido experimentó cierto
retroceso, que sólo se ha visto parcialmente compensado a través
del actual proceso de recuperación en marcha. Por su parte, Uruguay
y Paraguay ven como los socios mayores se disputan las inversiones y se
concentran en sus problemas internos, descuidando recomponer las dificultades
remanentes del bloque.
Recientemente, la disconformidad de los socios menores del bloque se ha
manifestado a través de la trascendencia de supuestos acercamientos
comerciales con los Estados Unidos, lo que ha encendido la luz de alarma
en el Mercosur, dado que las noticias se producen en coincidencia con
las gestiones de Venezuela para convertirse en el quinto miembro pleno
del bloque.
Por lo tanto, estos hechos han originado una escala de incertidumbre en
torno a la integración regional, donde las expectativas por el
acercamiento con un país de indudable peso económico a partir
de sus reservas de petróleo, se contrapone a la posibilidad del
alejamiento de dos de los miembros ya existentes, lo que origina un momento
de transición que será fundamental para decidir el futuro
del Mercosur. M


Fuente: abeceb.com en base a datos oficiales.
El Mercosur tiene una fisonomía constitucional que lo diferencia
ampliamente de la UE: su más grave déficit es la ausencia
de un líder natural que esté en condiciones de hacerse cargo
de los problemas de la integración.

Fuente: abeceb.com en base a datos oficiales.
Las desigualdades iniciales dentro del Mercosur se profundizaron con
las devaluaciones primero del Real y después del Peso argentino
que agravaron las asimetrías y contribuyeron a crear un clima de
incertidumbre. Estos problemas pueden hacer fracasar el logro de los objetivos
del bloque.





Fuente: abeceb.com en base a datos oficiales.
Durante los primeros años de la integración se observó
una dinámica positiva en los ciclos económicos de los países
del bloque. Sin embargo, a partir de la crisis mundial de los mercados
emergentes, que terminó impactando con dureza en la región,
se produjo un deterioro pronunciado de las economías del bloque
y una reducción de la riqueza per cápita de las mismas.
En particular, el efecto sobre la volatilidad regional originó
una parálisis de la evolución del Mercosur, ya que los países
pasaron a concentrarse en sus propias dificultades de manera individual.



En la década del `90, la conformación del bloque y la etapa
de expansión económica de los socios, junto con la disponibilidad
de grandes masas de capitales en la economía internacional, provocaron
una masiva afluencia de IED hacia estas economías. Con la crisis,
la desconfianza en los mercados emergentes ganó a los mercados
y los flujos se redujeron fuertemente.
Los últimos años de caracterizan por una tendencia de lento
retorno de las inversiones

Fuente: abeceb.com
El Mercosur está inserto en una apretada agenda de negociaciones
externa, que le demanda un fuerte disciplinamiento hacia dentro a fin
de llevarlas a cabo con éxito. Indudablemente, la lentitud con
que se progresa en muchas de las negociaciones en marcha tiene que ver
con las dificultades internas del bloque.
La dinámica provocada por las negociaciones internacionales se
encuentra teñida por los cambios en la estructura económica
mundial, a partir del surgimiento de nuevas potencias como China e India
que instalan un nuevo modelo productivo.

Fuente: abeceb.com
Los objetivos iniciales del bloque eran muy pretenciosos, y con el correr
de los años fueron mutando. Los aspectos más difíciles
de la integración fueron postergándose para originar una
situación donde el bloque era incapaz de autodisciplinarse.
Se mantienen los recelos y desconfianzas entre los socios del bloque,
y el temor de enfrentarse a pérdidas que puedan generar mayores
asimetrías. Las dificultades han derivado en una tendencia hacia
el sostenimiento político del bloque.
En la implementación de una medida fundamental para la conformación
definitiva de una Unión Aduanera se observan escasos avances. Tan
sólo en la interconexión informátiva ha habido progresos
importantes, mientras que en la elaboración de un Código
Aduanero y en la distribución de la renta aún persisten
fuertes desacuerdos que no han podido ser salvados. Desde el 1 de enero
de 2006 rige para los bienes que ingresan desde extrazona al 0% o con
preferencias del 100%, por lo que no tendría un efecto práctico
importante.

Fuente: abeceb.com en base a INDEC
Los dos países más grandes del Mercosur (Brasil y Argentina)
son los que han mostrado mayor dinamismo en las ventas a Venezuela en
el año 2005.

Fuente: abeceb.com en base a INDEC
En los últimos años, el intercambio entre Argentina y Venezuela
ha sido superavitario para nuestro país, manteniéndose esta
tendencia en el año 2005. Gran parte del comercio bilateral se
ha visto impulsado por los acuerdos políticos de negociación
entre los Gobiernos de ambos países.
De todas maneras, Venezuela aún no es miembro pleno del Mercosur.
Para serlo debe primeramente cumplir con una serie de requisitos en término
de adopción de niveles arancelarios, adecuación a las normas
del bloque e incorporación a las negociaciones comerciales finalizadas
y en marcha.
La relación Argentina-Brasil
La persistente asimetría industrial complica la vinculación
bilateral
El contexto internacional imperante desde inicios de los ’90 favoreció
un acercamiento de las posiciones de la Argentina y Brasil, con un tono
cooperativo y de mayor integración, lo cual intensificó
la relación comercial y la interdependencia entre ambas economías.
El comercio bilateral se expandió rápidamente a partir
de 1991, pudiéndose delinear dos etapas diferenciadas desde entonces.
La primera de ellas, que va desde su inicio hasta 1998, muestra un paulatino
crecimiento del intercambio, explicado tanto por la expansión macroeconómica
de ambos países como por el incipiente proceso de integración
que favoreció la ampliación de mercados y propició
el aumento del comercio intraindustrial.
La segunda etapa, en cambio, estuvo signada por las recurrentes crisis
macroeconómicas en el escenario regional y su impacto negativo
sobre el intercambio. Desde 1998 hasta la actualidad se produjo una mayor
volatilidad de los flujos comerciales, consecuencia inevitable de los
rezagos cambiarios y de las situaciones de sobreendeudamiento que afligían
a ambas economías, y que desembocaron en la devaluación
del real, a comienzos de 1999, y la devaluación del peso a inicios
de 2002.
Una de las consecuencias más relevantes de la etapa de crisis fue
la ampliación de la brecha productiva entre Argentina y Brasil
en un gran número de sectores manufactureros, lo que determinó
una reducción del comercio intraindustrial y un progresivo deterioro
de la calidad del comercio bilateral en contra de nuestro país.
Brasil ha sido el principal destino de las manufacturas de origen industrial
(MOI) argentinas, dadas las dificultades de inserción internacional
de estos productos. Sin embargo, en la actualidad más de 90% de
las exportaciones de Brasil a la Argentina pueden clasificarse como MOI,
mientras que de las ventas argentinas a Brasil sólo 53% son de
esta categoría, habiendo ganado una mayor participación
los productos básicos.
Cuando se discutía sobre las fórmulas instrumentales que
tendría el Mercosur, en los primeros años de la década
del ’90, luego de la firma del Tratado de Asunción, estaba
claro para los que seguían el tema desde los ámbitos privados
y públicos, que existían asimetrías entre las economías
de los socios.
Un reflejo claro de esa percepción lo constituyó la adopción
de Regímenes de Adecuación, con carácter transitorio
y cronogramas preestablecidos. La idea que sustentó ese instrumento
es que existían diferencias entre los países respecto de
ciertos sectores productivos, que impedirían o tornarían
muy dificultosa la sobrevivencia de los más débiles dentro
de éstos. Este instrumento constituyó un sustituto a la
aplicación de salvaguardias dentro del bloque, las que fueron solicitadas
inicialmente por la Argentina y denegadas por Brasil.
Posteriormente, el régimen de adecuación caducó,
pero no las asimetrías entre industrias, por lo que el efecto de
las crisis macroeconómicas, más pronunciadas en Argentina
que en Brasil, resucitó las dificultades de los sectores sensibles
en nuestro país ante la competencia brasileña. Estas dificultades
desembocaron durante 2003 en la conformación de la Comisión
de Monitoreo del Comercio entre Argentina y Brasil, con el objetivo de
promover el entendimiento entre los privados de ambos países en
sectores puntuales. Este entendimiento debía decantar en restricciones
voluntarias a las exportaciones y/o acuerdos de precios de exportación,
de las ventas brasileñas a la Argentina o viceversa.
Más recientemente, la Argentina propuso la institucionalización
de un mecanismo estructural de administración del comercio bilateral,
que recibió el nombre de Mecanismo de Adaptación Competitiva
(MAC), y que implica la aplicación de una salvaguardia ante un
crecimiento desmedido de las importaciones desde la otra parte, que origine
daño en algún sector de la industria local.
Esta intención significa en parte volver sobre los pasos ya dados
en otra dirección. Es que con la creación de la Comisión
de Monitoreo del Comercio se había abandonado la intención
de un ajuste global para pasar a un estudio de “casos puntuales”;
en tanto que la iniciativa del MAC constituye un regreso hacia la aplicación
de un mecanismo de ajuste global.
El 1 de febrero se llegó al acuerdo por el MAC, lo cual ayuda a
la revitalización del bloque y denota la voluntad de Brasil por
empezar a hacer frente a los costos del liderazgo.
De todas maneras, y a pesar de las características adoptadas por
la medida, el objetivo final de este mecanismo no sería la aplicación
de una salvaguardia, sino forzar el entendimiento entre privados cuando
las exportaciones de uno de los países le generen al otro graves
dificultades en algún sector productivo. Este acuerdo permitiría
cumplir el objetivo buscado, a la vez que evitaría ahorrar la aplicación
de un costoso mecanismo de ajuste estructural del sector.
Finalmente, un sector que tiene una elevada trascendencia en la relación
de Argentina y Brasil es el automotriz.
Este sector, en el plano local, logró en los últimos años
recuperar parte del terreno perdido y muestra indicadores favorables en
la coyuntura. Así y todo, mantiene aún una amplia desventaja
de competitividad con el sector automotriz brasileño. Para comprobarlo
basta notar que de los casi US$ 4.500 millones de déficit que tiene
la Argentina con Brasil en el intercambio de productos industriales, casi
la mitad corresponde a productos automotrices.
De esta manera, el gobierno argentino planteó unilateralmente la
falta de condiciones para la liberalización del comercio automotriz
con Brasil, que estaba pautada a partir de enero de 2006, a la espera
de condiciones mas adecuadas. Las razones de tal decisión se pueden
relacionar con los siguientes problemas: asimetrías en el ciclo
de inversiones, divergencias productivas y déficit comercial creciente.
Resta ahora tratar la cuestión no menor de cuáles son las
alternativas viables, con posibilidades netas de aplicación, que
regirán el comercio automotriz a partir del segundo semestre de
2006, cuando venza la prórroga dispuesta sobre el régimen
actual. M
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