|
Negociaciones comerciales
Desafíos y oportunidades en el contexto internacional
La Argentina está inmersa en un conjunto de complejas negociaciones
a escala internacional, en algunos casos actuando de manera individual
(por ejemplo, bilateralmente con distintos países o en el ámbito
multilateral) y, en otros como miembro del Mercosur (por ejemplo, con
la búsqueda de acuerdos con la Unión Europea y la conformación
del Alca).
Por Maximiliano Scarlan
Pero más allá de las particularidades de cada una de estas
instancias, todos los casos presentan un denominador común: para
que las negociaciones sean exitosas y se logre la firma de acuerdos ambiciosos
en materia de creación de comercio, el Mercosur requiere previamente
resolver sus imperfecciones y dificultades intestinas, constituyendo un
bloque sólido que actúe en interés de todos sus miembros.
Por esa razón, en este trabajo se analiza el estado de la integración
regional, repasando sus conflictos, sus logros y las novedades recientes.
Y por supuesto, también se presta atención a lo que acontece
en el ámbito bilateral entre Argentina y Brasil, en el entendimiento
que ambos países son el corazón del Mercosur, y que el futuro
de la integración depende en buena parte de la voluntad que muestren
para resolver sus dificultades de manera conjunta. M
La OMC
Cambios que se esperan en el comercio mundial
Del estado de situación de las principales negociaciones comerciales
con incidencia para nuestro país, las tratativas multilaterales
en la Organización Mundial del Comercio (OMC) son las que tienen
mayores probabilidades de contribuir con importantes cambios en un futuro
cercano.
En ese sentido, la reunión ministerial realizada en diciembre
del año pasado en Hong Kong, si bien no aportó las novedades
esperadas, preparó el camino para avanzar en una serie de temas
relativos a creación de comercio, y que podría ser determinante
sobre el rumbo de las demás negociaciones, tales como aquellas
sostenidas con la Unión Europea o el Alca.
Las diligencias de los países miembros de la OMC por alcanzar acuerdos
que representen avances concretos obliga a repasar la verdadera situación
de Argentina en el concierto internacional. Más si se tiene en
cuenta que en este ámbito la agenda se encuentra centrada en dos
ejes trascendentales para nuestro país: agricultura y acceso a
mercados de bienes no agrícolas (NAMA, según sus siglas
en inglés). Hasta el momento la atención se centró
en los hipotéticos avances en el primero de ellos, pero no existe
un real dimensionamiento sobre las consecuencias que tendría la
aplicación del NAMA en el sector manufacturero nacional.
En la esencia del NAMA está la búsqueda de una reducción/eliminación
arancelaria y de los obstáculos no arancelarios para productos
no agrícolas (fundamentalmente industriales). Para Argentina, dicha
medida, a la vez de abrir oportunidades de acceso a nuevos mercados, significaría
una gran exigencia para la mayoría de los sectores manufactureros,
que deberán hacer frente a una mayor competencia internacional
en un –más que probable– escenario futuro.
Si se toma como referencia la propuesta de las naciones centrales, la
reducción podría llegar hasta 67% en promedio, lo cual,
para un país cuyos estándares industriales exhibe limitaciones
de competitividad a nivel global, podría dejar a nuestra industria
fuera de juego.
Simultáneamente, otro eventual impacto es la pérdida de
buena parte de la progresividad arancelaria, a partir de la cual se favorece
la imposición de aranceles más elevados a los eslabones
que incorporan mayor valor agregado en las cadenas productivas, con el
fin de fortalecer su desarrollo en el país.
Hasta el momento, en NAMA existe consenso respecto de que la reducción
arancelaria será generalizada y automática, lo que significa
que las concesiones no podrán estar limitadas a algunos sectores
específicos o a un grupo de países. Se implementará
a través del uso de una fórmula matemática no lineal,
propiedad por la cual los aranceles más elevados (algo general
entre los países en desarrollo) serán reducidos en forma
más que proporcional.
Considerando dicha fórmula, un escenario factible indica que para
Argentina la disminución de los aranceles consolidados en bienes
no agrícolas sería cercana a 50% (pasando de 31% a 15,5%).
Dentro de la industria nacional todos los sectores sufrirían un
impacto directo, aunque los más afectados resultarían ser
calzado, textil, indumentaria, automotores y hasta plásticos, que
son los que cuentan con una mayor protección en términos
relativos en la actualidad por medio de elevados aranceles a las importaciones
de extrazona.
Una faceta relevante de la negociación es que los países
en desarrollo podrán ampararse en el trato especial y diferenciado,
por el cual estarán habilitados a exceptuar algunos productos de
la reducción de aranceles (ya sea total o parcialmente). Sin embargo,
dado que dichas ventajas son limitadas (máximo 5 o 10% de los productos
no agrícolas), el uso de las mismas deberá estar asociado
a la visión estratégica que posea el Gobierno con relación
al desarrollo de la industria. M

Fuente: abeceb.com en base a OMC.
Las primeras rondas, en el marco del Gatt, se caracterizaron por la participación
casi exclusiva de países desarrollados. Este hecho permitió
avanzar paulatinamente en la liberalización del comercio de productos
industriales. La progresiva incorporación al organismo de países
en desarrollo, implicó la necesidad de tratar otros temas, de vital
importancia para la construcción de un espacio de libre comercio
que permite extender los beneficios del desarrollo a todas las naciones.

Fuente: abeceb.com en base a OMC.
Si bien estaba entre los temas que componían la agenda original
de la Ronda Doha, la negociación se sesgó hacia agricultura
y productos industriales, específicamente en lo relativo a la reducción
de los aranceles existentes; sin descuidar tampoco el tema de servicios.
La Argentina tiene una posición ofensiva en agricultura y defensiva
en productos industriales, junto con Brasil y gran parte de las economías
emergentes, que se contrapone a los intereses de los países centrales.

Fuente: abeceb.com en base a OMC.
La propuesta de los países desarrollados es aplicar una fórmula
suiza, lo que implica que los países en desarrollo, que tienen
aranceles industriales más elevados, son los que tendrán
que realizar el mayor esfuerzo de desgravación. Como respuesta,
éstos propusieron una fórmula que contemple la diferencia
en niveles arancelarios de los países (entre ellas, la ABI), y
otorgue mayor aire a aquellos países que pueden tener dificultades
para desarticular sus sistemas de protección.

Fuente: abeceb.com en base a OMC.
La Argentina tiene especial interés en estas opciones de excepción,
ya que es claro que existen diversos sectores de la industria que se verían
en serios aprietos para sobrevivir a una reducción importante de
los aranceles a las importaciones. Este es el caso particular de aquellos
sectores que poseen actualmente mayor tasas arancelarias: automotriz,
textil e indumentaria, calzado y plásticos.

Fuente: abeceb.com en base a datos oficiales.
Al analizar los sectores industriales de la economía argentina,
y se intenta identificar a aquellos que tendrían mayores dificultades
con la desgravación, hay que tener en cuenta los aranceles efectivos
actuales y también los aranceles consolidados, ya que la fórmula
de reducción arancelaria se aplica sobre los aranceles consolidados.
|