Monsanto ostenta el liderazgo absoluto en venta de herbicidas con glifosato
en la Argentina y por eso, dentro del sector de agroquímicos, también
es el que lleva la voz cantante. Sin embargo, su gerente comercial, Daniel Labarda,
no puede disociarlo de la presencia de la compañía en semillas.
La explicación está concentrada en la expansión del área
sembrada de soja, en la que se combinaron semilla transgénica y tratamiento.
Casi 70% del total se hizo con esta tecnología combinada.
Pero desde 1998, en que se desató el auge de los commodities, entró
en acción China y, de su mano, los genéricos importados desde
Asia del producto superstar de la firma estadounidense. Así, la participación
de éste bajó en el país de 45 a 35%.
–La defensa contra la penetración de esos principios activos,
¿se hace con los juicios por las patentes, como sucedió en el
Hemisferio Norte?
–En el país hubo denuncias pero por dumping. En realidad, los productores
de los genéricos que compiten en la Argentina son empresas serias, como
Atanor, que es una marca reconocida en calidad. El ingreso de glifosatos directamente
a las cadenas de distribución fue el eje del reclamo de aplicación
de las medidas antidumping.
–¿A pesar de ser líderes perdieron entonces participación
a manos de los genéricos?
–Así fue, pero nos estamos recuperando y ya andamos por 40% del
mercado aproximadamente. Monsanto maneja semillas y agroquímicos lo cual
potencia la fuerza de venta de ambos rubros ya que la llegada al productor es
directa. En 2003 habíamos realizado visitas a los maiceros (que son los
sojeros de hoy) con híbridos de maíz para siembra directa. La
expansión de la soja hasta 16 millones de toneladas trajo como consecuencia
la necesidad del uso de los herbicidas, cuya intensidad depende del clima: el
verano afecta el uso según se aplique menos en seco y más si llueve.
La pasada de glifosato es previa por la siembra directa y posterior en la etapa
del cultivo.
–¿Por qué los chinos invadieron este mercado?
–El costo es altamente dependiente de la influencia china. En términos
generales, la diferenciación se ha dado por el precio. Ellos captan estándares
de bajo precio, lo cual afecta los volúmenes de facturación. De
todos modos, la caída de los precios en los insumos químicos se
compensa con el régimen de lluvias y el aumento de la demanda por mayor
cantidad de hectáreas sembradas.
Fungicidas versus herbicidas
–Tomando el sector agroquímicos, los números muestran un
crecimiento de los herbicidas que acompaña el aumento de la producción
del campo, pero una explosión de los fungicidas, ¿cómo
asimilaron esa transformación estructural?
–Hubo un caso puntual, que fue la roya de la soja que causó la
demanda intensa de fungicidas, y nosotros no trabajamos ese rubro.
–¿Y en el auge de los curasemillas?
–Ahí sí, inclusive hemos encarado tratamientos de suma importancia
en híbridos nuestros, junto con Bayer. El cambio tecnológico crea
nuevas exigencias a la industria.
–¿Cómo evalúa la actual soja-dependencia
argentina?
–El año pasado hubo fuertes pérdidas con el maíz,
que es un cultivo de altos costos. En esta campaña estamos recuperando
hectáreas de maíz perdidas lo cual trae mejoras en las rotaciones
y beneficia la calidad de los suelos. Se marca una tendencia ascendente en el
precio del maíz. La producción de soja seguirá también
en alza. Y en ese terreno Monsanto, al abarcar semillas y glifosatos, está
muy bien posicionada. Los productores apelan cada vez más a la tecnología
y dentro del territorio argentino nos especializamos en las características
que se perfilan.
–¿Cuáles son los planes de la compañía
para los próximos años?
–Prevemos que la producción seguirá en aumento. Monsanto
irá siguiendo al mercado sin alterar el plan de inversión previsto.
La estrategia regional se divide en dos: pivoteando sobre Brasil y la Argentina,
más los países limítrofes, aunque aprovecharemos las sinergias
en las materias primas que sean posibles, como por ejemplo con los glifosatos,
dependientes de la demanda vinculada a la soja. En ambos países estimamos
un crecimiento en el uso de las semillas y la integración regional de
los herbicidas, coordinada con Brasil para los productos de formulación
seca y alta formulación.
–La recuperación de la siembra de maíz ¿significará
una ampliación del área sembrada general?
–No, en principio, sino que inicialmente se incorporan tierras para pasturas
naturales que requieren del herbicida y recién luego viene la siembra
directa. Para Monsanto, de todos modos, la perspectiva es muy buena porque insisto
en que nos especializamos tanto en las semillas como en los herbicidas con glifosato.
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