miércoles, 29 de abril de 2026

    Vuelve el maíz y sube la soja

    Monsanto ostenta el liderazgo absoluto en venta de herbicidas con glifosato
    en la Argentina y por eso, dentro del sector de agroquímicos, también
    es el que lleva la voz cantante. Sin embargo, su gerente comercial, Daniel Labarda,
    no puede disociarlo de la presencia de la compañía en semillas.

    La explicación está concentrada en la expansión del área
    sembrada de soja, en la que se combinaron semilla transgénica y tratamiento.
    Casi 70% del total se hizo con esta tecnología combinada.
    Pero desde 1998, en que se desató el auge de los commodities, entró
    en acción China y, de su mano, los genéricos importados desde
    Asia del producto superstar de la firma estadounidense. Así, la participación
    de éste bajó en el país de 45 a 35%.

    –La defensa contra la penetración de esos principios activos,
    ¿se hace con los juicios por las patentes, como sucedió en el
    Hemisferio Norte?

    –En el país hubo denuncias pero por dumping. En realidad, los productores
    de los genéricos que compiten en la Argentina son empresas serias, como
    Atanor, que es una marca reconocida en calidad. El ingreso de glifosatos directamente
    a las cadenas de distribución fue el eje del reclamo de aplicación
    de las medidas antidumping.

    –¿A pesar de ser líderes perdieron entonces participación
    a manos de los genéricos?

    –Así fue, pero nos estamos recuperando y ya andamos por 40% del
    mercado aproximadamente. Monsanto maneja semillas y agroquímicos lo cual
    potencia la fuerza de venta de ambos rubros ya que la llegada al productor es
    directa. En 2003 habíamos realizado visitas a los maiceros (que son los
    sojeros de hoy) con híbridos de maíz para siembra directa. La
    expansión de la soja hasta 16 millones de toneladas trajo como consecuencia
    la necesidad del uso de los herbicidas, cuya intensidad depende del clima: el
    verano afecta el uso según se aplique menos en seco y más si llueve.
    La pasada de glifosato es previa por la siembra directa y posterior en la etapa
    del cultivo.

    –¿Por qué los chinos invadieron este mercado?
    –El costo es altamente dependiente de la influencia china. En términos
    generales, la diferenciación se ha dado por el precio. Ellos captan estándares
    de bajo precio, lo cual afecta los volúmenes de facturación. De
    todos modos, la caída de los precios en los insumos químicos se
    compensa con el régimen de lluvias y el aumento de la demanda por mayor
    cantidad de hectáreas sembradas.

    Fungicidas versus herbicidas
    –Tomando el sector agroquímicos, los números muestran un
    crecimiento de los herbicidas que acompaña el aumento de la producción
    del campo, pero una explosión de los fungicidas, ¿cómo
    asimilaron esa transformación estructural?

    –Hubo un caso puntual, que fue la roya de la soja que causó la
    demanda intensa de fungicidas, y nosotros no trabajamos ese rubro.

    –¿Y en el auge de los curasemillas?
    –Ahí sí, inclusive hemos encarado tratamientos de suma importancia
    en híbridos nuestros, junto con Bayer. El cambio tecnológico crea
    nuevas exigencias a la industria.

    –¿Cómo evalúa la actual soja-dependencia
    argentina?

    –El año pasado hubo fuertes pérdidas con el maíz,
    que es un cultivo de altos costos. En esta campaña estamos recuperando
    hectáreas de maíz perdidas lo cual trae mejoras en las rotaciones
    y beneficia la calidad de los suelos. Se marca una tendencia ascendente en el
    precio del maíz. La producción de soja seguirá también
    en alza. Y en ese terreno Monsanto, al abarcar semillas y glifosatos, está
    muy bien posicionada. Los productores apelan cada vez más a la tecnología
    y dentro del territorio argentino nos especializamos en las características
    que se perfilan.

    –¿Cuáles son los planes de la compañía
    para los próximos años?

    –Prevemos que la producción seguirá en aumento. Monsanto
    irá siguiendo al mercado sin alterar el plan de inversión previsto.
    La estrategia regional se divide en dos: pivoteando sobre Brasil y la Argentina,
    más los países limítrofes, aunque aprovecharemos las sinergias
    en las materias primas que sean posibles, como por ejemplo con los glifosatos,
    dependientes de la demanda vinculada a la soja. En ambos países estimamos
    un crecimiento en el uso de las semillas y la integración regional de
    los herbicidas, coordinada con Brasil para los productos de formulación
    seca y alta formulación.

    –La recuperación de la siembra de maíz ¿significará
    una ampliación del área sembrada general?

    –No, en principio, sino que inicialmente se incorporan tierras para pasturas
    naturales que requieren del herbicida y recién luego viene la siembra
    directa. Para Monsanto, de todos modos, la perspectiva es muy buena porque insisto
    en que nos especializamos tanto en las semillas como en los herbicidas con glifosato.
    M