Por Rubén Chorny

Con la globalización se relativizaron, cuando no desaparecieron, muchos apotegmas extraídos de corrientes de pensamiento económico hoy en desuso.
Y el actual comercio con el principal socio comercial de la región, Brasil, desmintió una tercera asociación de ideas de la vieja doctrina: el tipo de cambio alto asegura la competitividad.
La paridad del peso primero quebró la convertibilidad uno a uno con el dólar en 2002 y, desde entonces, se ha venido devaluando constantemente frente al resto de las monedas europeas y asiáticas, y por sobre todo ante el vecino brasileño, por quedar atado a la declinante divisa estadounidense.
Habría estado escrito en los libros que, como el peso se devaluaba progresivamente ante el real, la Argentina tendría que haberle vendido muchos más productos a Brasil que los que le compró.
No sucedió exactamente así: la balanza del intercambio entre ambos arrojará al finalizar este año una diferencia de US$ 3.000 millones a favor de Brasil, cuando un año antes rozaba los US$ 4.000 millones.
El repunte de un tiempo a esta parte no se explica en movimiento cambiario alguno, sino en el inicio de un ciclo de crecimiento por parte del país vecino, que ya trasciende el escalón de 4%. En todo caso, la paridad cambiaria de 1,5 entre el peso y el real pondría más “a tiro” a los productos argentinos.
El gobierno de Lula dedicó su primer período a ajustar la economía, bajar la inflación, regularizar su deuda para ser acogido por la comunidad financiera internacional y convertirse en un receptor neto de inversiones. Resignó para ello la tasa de expansión, que en ese lapso Venezuela o la Argentina llegaron a triplicársela.
Así llega a los umbrales de 2008 con necesidades de abastecer su consumo interno con importaciones que, en gran parte, nuestro país le podrá resolver.
El pronóstico de economistas que siguen muy de cerca la relación entre los socios mayores del Mercosur y el perfil de los negocios que se gestan en ambos lados de la frontera es que, a partir del año que viene, la tendencia es a que mejoren las exportaciones argentinas a Brasil debido a su mayor demanda, mientras las compras en sí no deberían superar el límite actual.
La gran oportunidad para la Argentina, en este contexto regional que se avizora, sería anexar una porción importante del consumo brasileño al propio.
El principal socio del continente, Brasil, el año pasado importó de la Argentina US$ 8.152 millones. Prácticamente cerrará este año atrayendo 15% de las exportaciones totales del país.


Un nuevo ciclo
Dante Sica, de la consultora abeceb.com, se esperanza en el buen indicador que representaría para nuestro país una tasa sustentable de crecimiento a mediano plazo de 5% en la economía brasileña: “Cuanto mejor les vaya y más crezca su PIB, más mejorará nuestro nivel de exportaciones. A su vez, la mejora del poder de compra por parte del ingreso hace que Brasil comience a aumentar el nivel de importación y esto también genera para la Argentina, un mercado que se expande”, resume.
Sin embargo, Nicolás Bridger y Osvaldo Cado, de la consultora Prefinex, advierten que “la posibilidad de que sea la Argentina la que provea parte del incremento de la demanda brasileña de productos extranjeros dependerá de la evolución de la economía nacional en los próximos años. Exigiría, por un lado, ampliar la capacidad productiva del país, es decir invertir más, para lo cual es necesario realizar correcciones a la actual política económica; y por otro, mejorar los canales de comercio y las inconsistencias del Mercosur”.
En tal sentido, el profesor asociado de la Universidad de San Andrés, Roberto Bouzas, reconoce que, si bien “el crecimiento más rápido de la demanda agregada aumentará el mercado potencial para muchos sectores (con excepción del automotor), la Argentina presenta evidentes restricciones de oferta, como, por ejemplo, en el sector lácteo o en materia de combustibles”.
Brasil sigue siendo, a la vez, el principal cliente y proveedor para la Argentina, pese a que el intercambio no alcanza los niveles de finales de la década pasada. Lleva cinco años consecutivos de balanza comercial superavitaria entre ambos y nada parece indicar que el sesgo vaya a modificarse, por más que aumente su necesidad de abastecimiento del exterior.

Dante Sica
Foto: Gabriel Reig
Sica descarta que se trate de un problema coyuntural. “Tenemos un cambio estructural en términos de comportamientos de demanda, producto del proceso devaluatorio, con lo cual a lo que se tendería en el mediano plazo es a atenuar el nivel de déficit, pero será muy difícil revertirlo”, señala.
Y destaca que uno de los componentes de la balanza argentina, que era netamente superavitaria, como el sector combustibles y energía, hoy está teniendo problemas. “En dos años tiende a ser quizá importadora de petróleo y está teniendo la mayor parte de incorporación de energía eléctrica desde Brasil. Para adelante, probablemente, haya que esperar una estabilización y una leve mejora del déficit, pero será difícil una reversión en el mediano plazo”.
Bridger y Cado estiman que el saldo negativo comercial bilateral con Brasil será este año de unos US$ 3.300 millones. “Si se observan detalladamente las exportaciones argentinas a Brasil, las que más cayeron son las asociadas a la matriz energética (–50%), las cuales deberían volver a un ritmo normal a partir de septiembre. Para 2008, teniendo en cuenta una menor velocidad del consumo argentino (suponiendo un aumento de tarifas energéticas y menor demanda global) coincidente con un crecimiento estable de Brasil, el déficit comercial debería ubicarse holgadamente por debajo de US$ 3.000 millones”.

N. Bridger y O. Cado.
Foto: Gabriel Reig
Sica, en cambio, prevé un aumento del comercio bilateral por la valorización que se está haciendo con el tipo de cambio, que está traccionando mucho más fuerte en los vehículos, lo cual dará un mayor empuje a las exportaciones. “Estabilizándose el nivel de déficit, tendremos todavía una fuerte reversión. Lo primero tiene que ver con que Brasil pagó durante los cuatro primeros años un fuerte proceso de ajuste para poder lograr dos cosas: por un lado, bajar la inflación, y por otro, dar señales muy claras al mercado de que no entraría en un proceso devaluatorio, lo cual le valió que en este nuevo mandato de Lula la economía haya comenzado a recuperarse”, explicó.
Bouzas ratifica que “el desequilibrio comercial con Brasil tiene dos fuentes principales, una de carácter cíclico y la otra de carácter estructural. La primera está asociada a la fuerte recuperación de la demanda interna en la Argentina y, por ende, de las importaciones. La segunda, a la composición del comercio: la Argentina ha perdido participación en el mercado brasileño, debido a que la estructura de sus exportaciones no se corresponde con la demanda por importaciones de Brasil. Inversamente, desde principios de la década, las exportaciones brasileñas han aumentado de manera consistente su participación en las importaciones argentinas totales”.
Sica cree que en los años que siguen la relación con Brasil beneficiará a la Argentina en todo lo que tenga que ver con las manufacturas de origen industrial. “El complejo automotor será el gran motor, como también el químico, el siderúrgico (que se está moviendo bastante bien), el petroquímico y algunos sectores gráficos y plásticos; después tracciona bien alimentos. También las manufacturas de origen agropecuario están teniendo una buena presencia en el mercado brasileño, están estables y tal vez empiecen a caer combustibles y energía”, enumera.
Inversiones
De todos modos, Sica ve poco margen de crecimiento en la fase comercial. Opina: “la Argentina tiene un panorama un poco mejor con sus exportaciones, pero Brasil ya está en una situación de estancamiento respecto de las suyas. La etapa que viene por delante me parece que va a estar más vinculada a las inversiones. Quizá prevalecerá la mirada de mediano plazo y de algunas cuestiones que tendrán que ver con acuerdos institucionales más que problemas de mercado de corto plazo. De modo que, en esta etapa, podrán crecer las inversiones y, de hecho se está dando, en sectores como calzado, textil, y en algunos otros como el alimenticio con la carne, la cadena de la carne, frigoríficos, los sectores vinculados con la producción de soja, o en algunos rubros de insumos de productos para la construcción, donde hubo un avance de inversiones brasileñas en nuestro país”.
¿Habrá brotes proteccionistas? Bouzas pronostica que las relaciones comerciales con Brasil continuarán atravesadas por tensiones en los mismos sectores sensibles que han estado en el centro de la relación bilateral desde comienzos de la década del noventa. “Si analizamos los últimos quince años, veremos que los productos sensibles en los primeros años del Mercosur, los bienes incluidos en el “régimen de adecuación final” a partir de 1995 y los que se beneficiaron de medidas ad hoc de protección desde fines de los 90 (incluyendo acuerdos de restricción voluntaria de exportaciones en los últimos años) son básicamente los mismos”.

