jueves, 28 de mayo de 2026

    “La autocensura de los empresarios deriva de un estilo de gobierno”

    Por Javier Rodríguez Petersen


    Adolfo Ablático
    Foto: Gabriel Reig

    A mediados de 2001, pocos meses antes de la megacrisis económica y política que se llevó puesto al gobierno de Fernando de la Rúa y que en muy poco tiempo arrasó con instituciones políticas (“que se vayan todos”) y económicas (con debacle financiera, depósitos congelados y devaluación), la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas (ACDE) había presentado un documento en el que llamaba a pensar la Argentina del bicentenario.
    Hasta cierto punto, el documento subrayaba el temblor que comenzaba. El foco estaba puesto en la necesidad de fortalecer las instituciones; desde que fue presentado, pasaron siete años y siete presidentes, cuatro de los cuales llegaron por vía constitucional pero sin haber sido elegidos por el voto popular. También llamaba a debatir sobre el respeto a la propiedad privada (y vino el corralito), respetar las reglas de juego (se entró en default, se congelaron tarifas, se devaluó asimétricamente, y la lista sigue) y crear un marco de seguridad jurídica para atraer inversiones.
    Cuando faltan menos de dos años para el bicentenario, llegó para ACDE el momento de revisar qué pasos dio el país desde entonces. Y la primera conclusión es lapidaria: “En muchos casos, no sólo no hemos avanzado sino que hemos retrocedido”, reconoce el presidente de entidad, Adolfo Ablático.
    Lo de la revisión no es metafórico. ACDE ya comenzó a analizar punto por punto el texto de 2001. Por un lado, para ver en qué –pocas– áreas hubo avances en la dirección esperada. Por otro, para reelaborarlo y actuar como institución en torno al nuevo proyecto que, como el anterior, no planteará metas muy específicas ni los caminos para alcanzarlas sino ejes en torno a los cuáles debatir en busca de “una visión de país compartida”.

    A paso de cangrejo
    A principios de julio, ACDE tuvo su reunión anual. Además de avanzar en la discusión del documento, aprovechó para encuestar a sus propios miembros sobre cómo creen que están desempañándose como dirigentes y cómo evalúan la calidad de la representación política en la Argentina. También, sobre el clima de inversiones, que 85% de los empresarios consultados calificó entre regular y malo.

    –¿Por qué ese resultado tan categórico si el Gobierno, aun admitiendo que hay indicadores manipulados, puede mostrar progresos en empleo, reservas, crecimiento y otros?
    –Son las cosas que están bien, pero hay otros indicadores más blandos que están muy mal.

    –Los de institucionalidad…
    –Sí. Y también cuando hablamos de seguridad jurídica, provisión de energía, construcción de infraestructura. En las empresas se usan dos herramientas para determinar si a uno le va bien o no: el cuadro de resultados y el movimiento financiero. Muchas veces, el cuadro dice que estás perdiendo y en la caja hay plata, por inercia; los problemas que hoy muestra el cuadro de resultados se pueden manifestar en un año. En un país, que tiene mucha más inercia, los problemas del “devengado” de hoy se reflejan en el “percibido” mucho después. Por eso las malas decisiones de un Gobierno las suele pagar el siguiente.
    El respeto a las reglas de juego hace claramente al clima de negocios. En los últimos años, hay decenas o cientos de ejemplos de reglas no respetadas. Nuestra Constitución es capitalista, y uno no puede sino jugar dentro de ese sistema. Pero estamos aplicando reglas que van contra la naturaleza de un sistema capitalista, como querer regular la rentabilidad de un sector vía controles de precios o cupos de abastecimiento, que no pueden ser una herramienta de largo plazo. Esto hace a la coherencia y tiene de fondo un tema cultural: a nadie se le escapa que para tener energía hay que hacer inversiones cuantiosas, pero todos pretendemos que no nos ajusten la tarifa y llegamos a hacer manifestaciones si lo hacen.

    –O sea que no es responsabilidad exclusiva del Gobierno.
    –No. Pero un Gobierno con pretensiones de estadista tiene que saber orientar a la sociedad, que por ignorancia, desconocimiento o comodidad, a veces toma el camino más fácil.

    Aire fresco
    En “Pensando la Argentina del Bicentenario”, el funcionamiento de las instituciones democráticas era un eje ordenador. Para Ablático, ese es uno de los puntos en los que el país “fue retrocediendo desde 2001 hasta hoy”. Pero el empresario señala dos hitos positivos importantes. El primero, la recuperación de la institucionalidad cuando asumió Néstor Kirchner como Presidente en 2003. El segundo es mucho más reciente y se dio en el Congreso Nacional con el debate que concluyó con el rechazo del Senado al proyecto del Ejecutivo que buscaba darle respaldo legislativo a las retenciones móviles a las exportaciones que dispararon el conflicto agropecuario. Para el presidente de ACDE, en el Parlamento hubo “una bocanada de aire fresco” y una “inyección de institucionalidad”.

    –¿Se refiere al voto del vicepresidente Julio Cobos (que terminó desempatando en el Senado en contra del Gobierno) o al tratamiento legislativo?
    –A todo el proceso. Fue interesante desde varios ángulos. De alguna manera, a lo mejor un poco traumática, se jugó el juego de la democracia. Y lo más importante es que hubo una lección de educación democrática en vivo que fue seguida por muchas personas. La sociedad argentina creció porque la gente aprendió que hay negociación y que unos opinan a favor y otros en contra, sea por convicción, verticalismo u otras razones. Y se dio cuenta de que su intervención tiene efectos, porque la votación no hubiera sido igual sin las movilizaciones del día anterior a favor y en contra del proyecto. Lo del Congreso fue importante, pero falta mucho; es un largo camino que hay que construir día a día.

    –Da la sensación de que los empresarios tienen menos diálogo con este Gobierno que con otros. ¿Es así?
    –No. Es más, me parece que en algunos casos tienen más diálogo. La sensación que tengo es que hay algunos que tienen mucho y otros que tienen poco o nada, que el nivel de diálogo es más desigual. Hay quienes piensan que por suerte pueden quedarse al margen, otros que ven un problema en tener que remar contra “los Moreno” del caso (por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno) y otros que tienen facilidad y estilo de hacer negocios cercanos al Gobierno.

    –¿Tan centrales son “los Moreno”?
    –Moreno es un señor que cumple su trabajo, mandado por alguien que le plantea objetivos. “Los Moreno” son un estilo de conducción. Y es importante cambiarlos porque eso hace al clima de negocios. Hoy hay muchos negocios rentables en la Argentina que podrían justificar una inversión, el problema es que la sensación que hay es que un funcionario detrás de un escritorio puede venir un día y cortar todo sin aviso.

    Autocrítica
    En la encuesta realizada en el encuentro anual de ACDE, los dirigentes mostraron una mala visión de sí mismos. Tanto, que 88% consideró que hoy los empresarios no agropecuarios cumplen su rol social mal o regular. Para el titular de la entidad, eso se debe a que “están privilegiando el beneficio de corto plazo sobre el de mediano y largo plazo”. Pero lo justifica en la coyuntura: “Cuando el planeamiento es muy corto, conviene quedarse quieto o tratar de maximizar hoy antes que asumir la responsabilidad en la sociedad y la propia verdad íntima y relativa”.
    “Un empresario transparente –agrega– se tendría que quejar del proceso inflacionario y la falta de índices confiables, entre otras cosas. Pero en la Argentina está velada la verdad. Desde el Gobierno, porque dice que no hay crisis energética ni inflación. Desde los empresarios, porque no decimos lo que pensamos”.

    –¿Es tan distinto el kirchnerismo a otras gestiones como para que los empresarios callen tanto?
    –Hay una autocensura derivada de un estilo de gobierno que sí es distinto y que hace evidente que si no digo lo que le gusta al poder, por ahí tengo consecuencias. Es casi natural que si me quemo con leche, vea la vaca y me trate de alejar, salvo que haga un acto de reflexión y entienda que no soy un chico sino un actor responsable de la sociedad.

    –¿Por qué en la encuesta de ACDE “miden” mejor los empresarios agropecuarios?
    –Porque no se guardaron nada y se jugaron. Además, dentro de los límites posibles de manejo de estos conflictos (como el del campo, que se extendió desde marzo hasta julio en gran parte del país), han tenido una reacción razonablemente madura y diferente de la agresión que había en el discurso de quienes están cerca del poder. Eso les dio un posicionamiento. Y creo que en los empresarios hubo una comparación violenta cuando valoraron su propia actuación frente a la de sus pares agropecuarios.

    Líder, se busca
    –¿Qué tiene la Argentina por delante?

    –Una oportunidad parecida a la que tuvimos a principios del siglo pasado, que nos llevó a ser uno de los principales países del mundo.

    –Por los precios de las materias primas…
    –Sí, agregado a la globalización, el acortamiento de distancias, la velocidad de las comunicaciones y la forma de hacer negocios. Hay una demanda de alimentos que puede tener altibajos pero que va a perdurar en el tiempo. Y el país tiene ventajas competitivas porque al menos un sector hizo los deberes relativamente bien. Hoy estamos en un pico y el momento es éste. El tema es saber aprovechar la oportunidad, como lo están haciendo todos nuestros vecinos. Porque esa es otra de las características de este momento: normalmente, si estábamos en crisis, seguían los otros; pero en ésta, nos estamos quedando solos. Toda la dirigencia, empresarial, eclesiástica, sindical, debe esforzarse para que haya un cambio cultural y compartamos una visión de país aunque tengamos intereses contrapuestos. En Brasil la hay; si algo les envidio, es la articulación entre sector público y privado, que se pelean igual o peor que acá pero van de la mano cuando hay que defender lo propio.

    –¿Cómo se logra eso?
    –Con esfuerzo de la dirigencia.

    –¿Y está preparada la dirigencia?
    –Creo que no estamos en una situación ideal, porque no hay dos o tres líderes sobresalientes.

    –¿Hay más y se pelean o ni siquiera hay dos o tres?
    –De los que se necesitan, me parece que no hay.

    –¿En ningún lado?
    –No.

    –¿En ninguna rama dirigencial?
    –No.

    –¿Y entonces?
    –Hay que esperar que aparezcan líderes del calibre que se necesitan para cambiar. Hoy está dada la situación macro para que la Argentina pueda aprovecharla, y es la oportunidad que tiene el gobierno actual. Aunque lo veo un poco lejos, tengo la esperanza de que esta circunstancia derive en un cambio. La Presidenta tiene una oportunidad espectacular, espero que la pueda aprovechar.

    Verdades de Perogrullo

    Un texto como “Pensando la Argentina del Bicentenario”, que ACDE presentó en 2001, siempre corre el riesgo de perderse en generalidades. En especial, cuando sus propios autores se proponen plantear ejes de discusión y no metas claramente definidas ni caminos a seguir para no acotar el debate ni terminar como soberbios expositores de tribuna.
    Ablático lo reconoce. Pero también resalta que, con siete años, “el documento todavía está vigente”.
    “Pensando…” –actualmente en revisión y con una próxima nueva versión– llama a consensuar una idea de la Argentina deseada. Y, para eso, propone retomar la discusión sobre siete cuestiones: la forma de gobierno (incluyendo la Justicia y el tipo de federalismo), la organización económica, el desarrollo económico y social, la integración social (este año el tema principal de ACDE es la exclusión), la educación, la integración con el mundo y la cultura de la verdad.
    “Es un texto ordenado de lo que deberían ser un conjunto de prácticas que a veces olvidamos, y obramos en consecuencia de ese olvido –resume el titular de la entidad empresaria–. Parece de Perogrullo, pero no lo es tanto”.