Hace un año, el optimismo era una materia prima escasa. Todos los pronósticos eran sombríos. Algunos apocalípticos: “jamás hubo una crisis como esta en el mundo desde que se tiene memoria”. Otros, un poco más optimistas: “es una crisis tan grave como la Gran Depresión de 1930”.
Doce meses después, estamos vivos y las cosas no resultaron –en todo el mundo– tan graves como se suponían. Los mecanismos utilizados –inyección masiva de fondos públicos– resultaron mejor de lo previsto.
Con lo cual volvemos a tener dos matices de pronóstico: los que sostienen que estamos en franca recuperación y los que advierten que hay síntomas alentadores pero que puede haber otro retroceso. Dentro de un año visitaremos nuevamente estos augurios y veremos quiénes estuvieron más acertados.
Lo cierto es que aun con signos de rebote económico en Occidente, Gobiernos, banca y empresas afrontan incertidumbres. Por ejemplo, cómo manejar la lenta reducción de deuda en términos de Producto Bruto Interno (desapalancamiento) tras estallar la burbuja financiera.
Una investigación del McKinsey Global Institute (MGI) revela que reducir niveles de endeudamiento total sobre el PBI (apalancamiento) es un problema que recién empieza. Esos pasivos siguen siendo muy altos en determinados sectores de países centrales, inclusive Estados Unidos, y salir del apalancamiento puede ser duro. En promedio, exige seis a siete años y, en la fase inicial, traba el aumento del PBI.
En Estados Unidos, a pesar de los indicios francos de recuperación, se incentiva el debate. Los ortodoxos de la Reserva Federal –entre ellos Benjamin Bernanke– creen que la economía estadounidense va rumbo al crecimiento sostenido y que deben replantearse los paquetes de estímulos. Pero no piensan del mismo modo Barack Obama y muchos legisladores. Y no están solos.
El año arranca con brechas entre quienes deben decidir si desactivar –o no– paquetes de estímulos. En particular, no hay acuerdo entre bancos centrales y sus Gobiernos. Aunque en la Argentina haya sido por diferentes razones. Lo que nos lleva a otro imponderable: ¿Qué puede ocurrir en el país? Poco, debería ser la respuesta. La economía parece jugar en otra cancha que la política. Pero, ¿quién puede subestimar el factor K?
Como siempre este esfuerzo editorial ha sido posible gracias al valioso aporte de economistas y técnicos nucleados en Prefinex, la organización que preside Martín Azcárate. La coordinación estuvo a cargo de los economistas Osvaldo Cado y Nicolás Bridger. El agradecimiento de Mercado por el esfuerzo y el valioso aporte.
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