martes, 21 de abril de 2026

    RSE – Capítulo I – Riesgos, pero también nuevas oportunidades

    LIBRO BLANCO | Capítulo I

    La filosofía de los proyectos, en ambas instituciones, define el proceso como “introducir nuevos modelos de negocios y mecanismos de mercado. Ambos, capaces de generar en forma sostenible prosperidad económica, mejoras ecológicas y beneficios sociales”.
    Debe notarse que economía y rentabilidad todavía ocupan un primer lugar en la escala general de prioridades. Pero ya no están solas. Por otra parte, la integración de factores ambientales y sociales ofrece un amplio potencial innovador en aquellas dos áreas, productos y servicios. El éxito de estos modelos de negocios puede, asimismo, abrir camino a procesos de mayor eficiencia en sectores públicos y comunitarios.

    Puente entre mundos distintos
    En los últimos años, el centro de innovación social no tardó en desarrollarse como “incubadora de proyectos multidisciplinarios” enfocados, claro, en renovar los campos de la educación y las investigaciones. Al respecto, el CIS dedica considerables sumas de tiempo y esfuerzos a la armonización o la consolidación de contenidos innovadores en los programas de estudio. Tanto básicos como opcionales.
    Muchos hoy eligen a este centro o a Wharton para maestrías en administración de negocios (MBA en inglés), debido al rango y la profundidad de los programas. Por lo mismo, los foros ejecutivos de discusión sobre sustentabilidad de proyectos atraen a ex alumnos, docentes y empresas.
    Para el claustro docente, el mayor atractivo del CIS reside en afrontar nuevos y complejos problemas. Por ejemplo, muchas iniciativas implican “alianzas difíciles” con socios poco frecuentes. Ello involucra no sólo firmas poco convencionales, organismos no gubernamentales, autoridades locales, escuelas de todo nivel, donantes internacionales o instancias multilaterales.
    Expertos de Wharton apuntan, por ejemplo, al proyecto Pepal, destinado a combatir el sida en más de 40 países. Por su intermedio, la alianza internacional específica provee apoyo a ONG locales. Pepal busca socios o aliados en el mundo para trabajar en iniciativas conjuntas. Entre otras cosas, se busca que ambos campos, tan diferentes, intercambien experiencias y aprendan uno del otro.
    En paralelo, el CIS ha diseñado un programa consistente en una semana de adiestramiento para 50 personas que representan una buena muestra de sectores privados combinándose con ONG. A eso sigue un año de labor in situ en países tan expuestos al síndrome de inmunodeficiencia adquirida como Zambia, Nigeria, Birmania, Haití, Filipinas o Ucrania. Por otro lado, alumnos de los MBA pueden participar en ciertos proyectos. Como el que investiga en pos de definir qué características y factores ambientales pueden –o no– contribuir al éxito. Tal ha sido el grado de satisfacción con este esquema piloto, que otros seis están programándose para 2011.

    Romper el molde
    ¿Qué tienen de particular estos proyectos? Para empezar, no es común que gente de sectores sin fines de lucro y empresas privadas cooperen estrechamente intercambiando información en forma regular. Por otra parte, son notables experiencias educativas para todos. Tampoco es usual que programas de aprendizaje se vinculen directamente con acciones ligadas a contextos difíciles como, por ejemplo, áreas rurales de África, Latinoamérica o el sudeste asiático.
    Sin embargo, es justamente en esos ambientes donde se cultivan con éxito el pensamiento innovador, la resolución de problemas y la aptitud de adaptarse fácilmente a circunstancias cambiantes. Todavía menos frecuente es que programas de preparación ejecutiva se liguen a proyectos del campo de los MBA y lo académico.
    Al respecto, el proyecto Pepal ha logrado romper el molde de pensamiento estereotipado en la materia. Como la mayoría de las instituciones del género, las escuelas CIS y Wharton se dividían netamente en departamentos con responsabilidades bien claras Pero esta compleja, innovadora iniciativa logró quebrar los compartimientos estancos convencionales.
    Por supuesto, entender culturas y costumbres locales resulta también esencial para asegurar que la atención y los insumos médicos lleguen en tiempo y forma a los usuarios. Estos esfuerzos tienen desde hace un tiempo un aliado invalorable: la telefonía celular. Pero, simultáneamente, el bajo nivel de alfabetización en ciertas regiones se combina con la multiplicidad de lenguas –en Nueva Guinea hay unas 700– y complica las cosas.