ANÁLISIS | Perspectiva
Por Gustavo Baiman
Para Orlando Ferreres, presidente de la consultora OJF & Asociados, hay dos variables que son de vital importancia para el desarrollo industrial: el crédito y el tipo de cambio. Sin embargo, en estos dos aspectos encuentra más sombras que luces: “Una estrategia de largo plazo debe tener en cuenta cuál va a ser el tipo de cambio real y ver qué tipo de industria podría funcionar con ese nivel cambiario. El problema con el tipo de cambio hoy se ve claramente; el modelo industrial del Gobierno era del tipo de cambio real alto, pero eso fue hasta 2007. Ahora es con un tipo de cambio real bajo. Hoy el tipo de cambio bilateral con Estados Unidos tendría que estar en $6 por dólar de acuerdo a la inflación interna, es decir que tiene un atraso de 50%. Por otra parte, el crédito, que es un tema clave, en la Argentina es solo transaccional, está enfocado al consumo, no hay crédito hipotecario, ni a largo plazo, ni para la inversión”.
–Sin embargo, desde hace casi 10 años muchas de las empresas de origen industrial vienen creciendo y hoy algunas trabajan al tope de su capacidad ¿cómo se explica esto en el contexto que está describiendo?
–Hay una transferencia del gasto en servicios –que ahora está subvencionado como ocurre con el gas, la luz, el teléfono, el agua, el subte y el tren– al consumo de bienes industriales. Se venden más alimentos, más productos electrónicos y más autos porque prácticamente no se pagan los servicios.
En 2002 los servicios representaban 13% de la canasta familiar, ahora representan 4%, pero además en 2001 el petróleo valía US$ 26 el barril y ahora vale US$ 108. Si hubiera seguido evolucionando en lo que se refiere al transporte, los servicios tendrían que representar por lo menos 24% de la canasta. Hay casi 20% que está yendo a la industria, pero los subsidios son insostenibles en el tiempo, dos o tres años está bien, pero no toda la vida.
–Las Pyme en la Argentina representan una parte muy importante del tejido productivo, ¿esta forma de producción es viable o habría que aumentar la participación de las grandes empresas?
–El tamaño hace a la competitividad, una empresa chica no es competitiva. Nosotros no tenemos casi ninguna empresa de clase mundial, todo lo hacemos con pequeña empresa, parece que a las grandes compañías se la castiga, se las ve mal.
Hay que lograr tener una industria de clase mundial, pero también tenemos que saber cuáles rubros, porque tampoco pueden ser todos los sectores. La Argentina es claramente competitiva en dos rubros, en productos de origen agropecuarios o agroindustriales, y después en tecnología. En ese rubro somos muy creativos, por eso es que de acá se exporta bastante tecnología.
–¿Cuál es la responsabilidad de la dirigencia empresarial, qué papel tiene que jugar?
–El carácter del empresario argentino quedó clarificado en la década del 90. Cuando el tipo de cambio fue bajo y las empresas valían mucho, el empresario argentino vendió toda la empresa y la plata que obtuvo la manejó financieramente, salió del sistema productivo.
En cambio el empresario brasileño, que hoy tiene muy retrasado el real y empresas con mucho valor, vende la mitad en la bolsa y con esa plata compra empresas en la Argentina, Australia o Estados Unidos; hace una base de riesgo distribuido en distintos países. Eso define una mentalidad diferente a la del empresario argentino, que en gran parte es prebendista y piensa en el corto plazo.
–¿Cuál es su lectura de la política industrial del gobierno, considera que es un anuncio importante el Plan Estratégico Industrial 2020?
–El poder político tiene que garantizar condiciones de estabilidad, no entrar en default cada 10 años, no tener inflación muy alta, ser ortodoxo en la moneda, tener un equilibrio fiscal y no tener grandes subsidios.
En cuanto a los planes, está bien que haya una propuesta, pero lo que uno ve por ahora es que quieren inventar la electricidad perfeccionando la vela. Hay que enfocarse en las nuevas tendencias mundiales y llegar primero.

