viernes, 1 de mayo de 2026

    Muchas empresas locales eligen firmas más chicas

    DOSSIER |

    Por Florencia Pulla


    Néstor Pautasio


    Néstor De Lisio

    De esto –y de una mayor atomización que se da en el mercado argentino dialogó Mercado con Néstor Pautasio y Néstor De Lisio de Razzetto, López, Rodríguez Córdoba. Hablaron sobre los desafíos que implica la regulación de la actividad.

    –Existen hoy diversos organismos de control que pretenden que las Big Four, las cuatro firmas auditoras más importantes del mundo, separen sus negocios de consultoría de los de auditoría. ¿Piensan que es una buena solución?
    –Néstor De Lisio: Uno puede acordar con separar la rama de consultoría de auditoría porque se confunden los intereses. Si se asesora en los negocios de la compañía mal se puede opinar sobre lo contable de esa empresa. Hay siempre un conflicto de intereses: o se está con los negocios o con la revisión de las cifras. Eso es lo atinado. Una buena auditoría es establecer el límite hasta el cual llega la responsabilidad.
    Esto es diferente al proceso de detección de fraude. Cuando hay fraude en una compañía evidentemente ha habido un grupo de personas que se organizaron. Casos como el de Enron hacen que se pregunten: “¿El auditor, qué es lo que hace? ¿Qué es lo que audita?”. La tarea es, siempre, la revisión de los estados financieros y eso no representa una opinión sobre la buena o mala gestión del negocio.

    –Pero que una misma firma esté en ambos aspectos de un mismo negocio, es decir que un auditor sea también consultor, ¿implica una pérdida parcial de independencia?
    –Néstor Pautasio: Igualmente lograr esa separación tampoco garantiza que después en una auditoría se pueda ver claramente el fraude. Siempre se hace una presentación financiera razonable. Hay que entender que en el medio de esto hay organizada toda una estructura para el fraude y entonces posiblemente el auditor no lo vea porque se concentra en establecer si las normas y los circuitos se cumplieron.

    –Ustedes operan en un mercado que está muy concentrado. ¿Qué opinan ante este escenario?
    –De Lisio: Toda concentración perjudica. A partir de la ley Sarbanes-Oxley se fueron dividiendo las tareas de consultoría, de asesoramiento impositivo y de auditoría, pero en definitiva los mismos Big Four se reparten todo. Entonces, ¿cuál es la diferencia? Para las firmas pequeñas se hace muy difícil entrar en el mercado.
    El problema es que en la Argentina, como país periférico, muchas veces las auditorías están referidas. Las multinacionales que tienen su casa matriz en Francia o Estados Unidos tiene su auditor corporativo a escala internacional.
    Entonces casi indefectiblemente también aquí será elegido un integrante de los Big Four. Si es caro o barato es un problema de la filial local. Normalmente los estudios chicos entran al mercado por servicio de impuestos o por la parte societaria. Ahí sí tenemos una ventaja sobre las Big Four porque el servicio es más personalizado.

    –¿Las empresas argentinas también eligen a las Big Four o tienden a contratar estudios argentinos? ¿Hay aquí más concentración?
    –De Lisio: Prefieren estudios más chicos. No pueden, por un lado, soportar el presupuesto de una de las grandes o los requerimientos para una auditoría de 20 personas. Muchas compañías argentinas son grandes pero siguen siendo empresas de familia. Yo las distingo de las corporaciones porque son empresas con dueño y tienen un perfil distinto. El mercado, en ese sentido, está bastante atomizado.