viernes, 1 de mayo de 2026

    Un balance auditado solo significa que es razonable

    DOSSIER |

    Por Hernán Murúa


    Gabriel Righini

    De acuerdo con las palabras de su máximo responsable en materia de auditoría externa, Gabriel Righini, Grant Thornton Argentina exhibió el año pasado un crecimiento al que califica como “muy bueno”, más precisamente de 25% sobre un total de facturación que no quiere revelar. Lo que sí se atribuye es que, “junto con BDO, representamos las primeras alternativas luego de las Big Four (PricewaterhouseCoopers, Deloitte, Ernst & Young y KPMG)”.
    Con un staff de unas 300 personas y clientes históricos en el país como CMPC (La Papelera del Plata), Key Energy, Maersk, Oca y Vulcabras, la empresa logró en el último ejercicio sumar nuevas cuentas como las de Caterpillar, Kodak, Tam Líneas Aéreas y TGLT. “Nos dan un volumen importante de negocios, más allá de la actualización de tarifas, y una penetración en el mercado muy interesante”, señala Righini. Y destaca la fusión con Associates Auditors, “cuyas operaciones nos permiten incursionar en el segmento de auditorías a entidades financieras”.
    Al respecto, observa una tendencia importante en el mercado. La describe así: producto de la necesidad de ajustar sus presupuestos, sobre todo a raíz de la crisis financiera mundial, existen cada vez más compañías multinacionales que les permiten a sus filiales en nuestro país separarse del auditor global elegido por sus casas matrices. “Esto se ve más frecuentemente que en años anteriores y entiendo que es una tendencia que se va a acentuar. Por supuesto que esa desconcentración es buena, pero hay que tener la experiencia para atender a ese tipo de compañías”, observa el ejecutivo.
    De movida, asegura que requiere de la aplicación del compendio de normas internacionales de auditoría que, desde el punto de vista de la calidad, superan ampliamente lo normado por la resolución técnica número 7 de la Federación de Contadores, que ordena el marco de trabajo de la práctica en el país desde hace más de 20 años.
    Al respecto, Righini considera que se trata de una ventaja, ya que Grant Thornton les exige aplicar los estándares internacionales, si bien ellos representan una demanda de los clientes internacionales y no tanto de los locales. “Además, ofrecemos un servicio flexible, proactivo y cercano al cliente”, indica.

    –¿Considera que el proceso de convergencia de las normas internacionales de auditoría en la Argentina es una oportunidad de negocios? Al mismo tiempo, ¿no representan un estímulo a la mayor concentración del mercado antes que a una mayor competencia?
    –En los hechos, existen proyectos para implementar aquí no exactamente las normas internacionales, pero sí algo muy cercano. Seguramente en 2012 no va a haber novedades, pero sí en 2013 ó 2014. Esos cambios van a representar un gran desafío, sobre todo para los estudios más chicos y los contadores en general, ya que van a tener que adaptarse a normas extensas y complejas que otros ya venimos manejando. En la medida que no logren capacitarse, se va a incrementar el potencial de demanda insatisfecha.

    –La crisis financiera a partir de 2007, y especialmente este año, agita otra vez el fantasma de los balances aprobados sin el rigor adecuado. ¿Es una descripción correcta o una exageración?
    –No creo que sea correcta. El auditor debe cumplir las reglas. Lo que ocurre es que se audita un volumen de operaciones, pero no todas. Se usa un parámetro como la materialidad, es decir un monto que sirve para definir el piso por encima del cual las operaciones deben ser auditadas.
    La clave, es no dejar afuera aquellas operaciones que pueden presentar un riesgo más elevado. Que un balance esté firmado por el auditor solo significa que es razonable. No obstante, las últimas normativas apuntan a prevenir el fraude.
    También hay cambios que se vienen en la Comunidad Europea y que van a impactar sobre estas cuestiones, porque en la actualidad un informe de auditoría aborda información histórica. Lo que se está discutiendo es si tiene que empezar a referirse no solo al pasado, sino a los planes de negocios de los clientes. Es posible que este nuevo tipo de informes entre en vigencia en muy pocos años.