DOSSIER |
Por Carina Martínez

Pablo San Martín
Pero además, el presidente de San Martín, Suárez y Asociados espera que la profesión le gane en tiempo a la política.
El caso Enron en 2001 y la crisis global iniciada en 2008 muestran a las claras que el modelo que guió la profesión de los auditores hasta el momento fracasó de manera rotunda. La magnitud se ve reflejada en que mientras en el primer caso los costos ascendieron a unos US$ 55.000 millones, la crisis que aún transita el mundo arroja cifras que superan los US$ 3 billones (millones de millones).
“Hoy ocurre que ya no caen auditores y empresas, sino países y Gobiernos”, enfatiza Pablo San Martín, presidente de SMS, quien participa activamente del debate actual que atraviesa a la profesión y que tiende a la desconcentración de una actividad donde 87% del mercado es operado por solo cuatro firmas.
La debacle financiera actual no permite dilatar más la discusión. Pero ¿cómo se pasa de un modelo a otro?, se pregunta San Martín. “La realidad es que hay un gran problema de escala. De las 22 firmas que formamos parte del Forum of Firms, la suma de las 18 que siguen a las Big Four no llega a la más chica de las cuatro”.
Para producir el cambio, San Martín coincide con la propuesta de Ifac (International Federation of Accountants), que apunta a la desconcentración pero en forma gradual; un proceso que haga que el Second Tire avance de a poco, al tiempo que las cuatro firmas concentradas empiecen a dejar su espacio.
Sin embargo, existe un riesgo: “La demora por parte de la profesión en empujar estos cambios puede generar una situación que lleve a la urgencia política de intervenir. Y cuando la decisión viene de la política, no siempre tiene como resultado la mejor norma –como Sarbanes Oxley, que es costosísima e inefectiva–, porque no está basada en la evaluación, en el consenso y la aplicación de elementos que alineen y protejan la función e independencia del auditor sino en la urgencia política del momento”.
Identificar al cliente
Uno de los pilares para lograr un cambio positivo en la profesión es, para San Martín, el resguardo de la independencia del auditor, que la práctica propia del ejercicio de la actividad no siempre facilita. “Llamamos cliente al sujeto auditado, nos elige y nos paga, el sujeto auditado y, para que nos elija, tenemos que hacernos amigos, generar un relationship y luego debemos ser quienes digamos que la empresa no es solvente. Si a eso se le agregan los servicios de consultoría –en la actualidad solo permitidos en empresas no auditadas– y la concentración, no es sorprendente que se hayan dado los casos que conocemos en el mundo. En la medida que se le dé al auditor un marco que promueva y proteja su independencia, va a aumentar la calidad de la auditoría”, sostiene.
Aquí se vislumbra, entonces, lo que para San Martín es uno de los ejes que llevaron a los auditores a la situación actual: la errónea identificación de quién es el “cliente”. “No es la empresa, sino la comunidad. Nuestro rol es proteger a la comunidad, porque el indefenso es el ahorrista, el proveedor, el banco que da crédito, el empleado que trabaja en una empresa no solvente. En los grandes casos que se dieron en estos años, los auditores aparecieron protegiendo a la empresa, o incluso, al empresario, al directorio, ni siquiera al accionista”. Y la profesión pagó un precio, al perder la autorregulación que la guió hasta 2001, y ser intervenida por Gobiernos y organismos mediante paquetes de leyes y normas, no siempre eficaces. “Posiblemente, la profesión está pagando muchos años de inactividad e inacción; pero el precio más alto no lo paga la profesión sino la comunidad”, enfatiza.
Actualmente, los consejos e institutos de contadores públicos vinculados con Ifac firmaron siete compromisos, entre ellos la adopción de las normas de auditoría y de un código de ética –donde 70% remite al tema de la independencia del auditor–, la puesta a punto de un plan de educación continuada “y, fundamentalmente, un sistema de control externo de auditores, que dará seguridad a la comunidad, porque una auditora no se va a diferenciar por conocimiento de marca, como hoy, sino que la calidad será controlada por un cuerpo externo a la firma que valide y legitime lo que está haciendo”, explica.
“Espero que la profesión le gane en tiempo de implementación a la política, porque lo que venga de la política no necesariamente va a ser algo bueno. Lo que es seguro es que lo que estamos viendo hoy, en cuanto a prestación servicios profesionales es el pasado, cómo quedará el rearmado futuro es la discusión, pero definitivamente esto así no va a continuar, no puede continuar, no debe continuar de la manera en que está armado”, concluye.

