viernes, 1 de mayo de 2026

    “Cuando hay grandes crisis es tiempo de reguladores”

    DOSSIER |

    Por Mauro Maciel


    Ricardo De Lellis

    Como producto de las enormes crisis que atravesaron, y aún atraviesan, las entidades financieras en buena parte de Europa, la Comisión Europea pugna por conseguir que las Big Four separen sus negocios de auditoría y consultoría, bajo la consigna de evitar conflictos de intereses. Pese a que aún se trata de un principio de intención, las cuatro grandes firmas internacionales tienen sus argumentos para no coincidir con el organismo.
    Los motivos al respecto tienen sus razones subjetivas: “Por supuesto que, como integrante de una de las partes, tengo intereses determinados. Pero además, como asesor técnico de uno de los miembros del International Auditing and Assurance Strandards Board (IAASB), estoy al tanto de todo lo que se discute respecto de las normas de contabilidad”, cuenta Ricardo De Lellis, socio a cargo de la práctica de Auditoría de KPMG.

    –De alguna manera, ¿es posible interpretar que se trata de una forma de buscar una solución a un problema para el que no se hallan respuestas?
    –Haciendo un paralelo con el mundo bancario, que es la actividad con la que yo más estoy involucrado, creo que cuando hay grandes crisis es el tiempo de los reguladores, y la necesidad de regular o supervisar estuvo siempre. El problema es que las alternativas son que algo no se hizo bien, o se les pasó o, directamente, quienes debían supervisar miraron para otro lado.
    La verdad es que es una combinación de cosas, porque el mundo es demasiado complejo para simplificarlo tanto, ya sea en el sector bancario como en la emisión de normas de contabilidad.
    Ahora bien, ante el surgimiento de una gran crisis es evidente que fallaron muchas cosas y entonces se habla de regulaciones. Pero la pregunta es qué regulamos. En consecuencia, una de las metas es reducir el mercado de las Big Four. Resumiendo, a mí me parece que acá alguien intenta demostrar que es proactivo cuando en realidad no lo fue en el pasado.

    –Ante colapsos financieros semejantes es difícil creer que nadie pueda prevenir con tiempo las consecuencias de no hacer los cambios necesarios.
    –Si vamos al caso puntual de la crisis europea, se trata de una crisis de Gobiernos soberanos y de riesgos soberanos, de modelos económicos, y resulta que, incluso una vez desatada la crisis de 2008, todo el mundo siguió elogiando al euro. En ese sentido, considero que somos todos quienes nos callamos cuando hay que decir las cosas que están mal y, en cambio, hablamos sobre los hechos consumados. En este caso pasa lo mismo con las Big Four.

    –¿Cuál sería el hipotético nuevo escenario ante la separación de tareas de auditoría y consultoría?
    –Una de las metas es reducir el mercado de las Big Four. Entonces, me pregunto: ¿cuatro compañías es poco?, ¿es mejor que hayan cinco, seis?, ¿está bien 10, 15?, ¿es correcto decir que es un mercado monopólico? No, no lo es.
    Lo cierto es que fuera de las cuatro grandes firmas existen otras compañías con respetable volumen, que no acceden tal vez porque necesitan una fuerte inversión en tecnología y en recursos humanos que no todo el mundo lo puede hacer. No es que nosotros nos oponemos y les hacemos zancadillas para impedirles el ingreso. Cada uno puede acceder a la auditoría de un ente grande, pero tiene que demostrar capacidad para hacerlo.

    –Siguiendo con la crisis de Europa, los reguladores quedaron muy expuestos por no alertar la emisión de bonos por parte de países como Portugal o Grecia, entre otros. ¿Hubo responsabilidad compartida de los auditores?
    –El tema es muy complejo. Cuando el FMI salió a advertir sobre la crisis, su profundidad y hacia dónde se dirigía, lo que consiguió fue generar una estampida y echar más leña al fuego. ¿Cuál es la cuestión ética? ¿Qué es lo que debe hacer un organismo? ¿Quién se pone de pie para decir esto está mal? En ese contexto, el auditor es quien desde la compañía debe evaluar algo. Lo que quiero significar es que en un alto clima de volatilidad todo es complejo, incluso la contabilidad sirve de poco, porque entran a jugar la subjetividad, los intereses y la propia vida de la compañía.