ESTRATEGIA | Empresas
Por Gustavo Baiman

Martín Dedeu
Foto: Gabriel Reig
Una de las ventajas de la actividad minera en la Argentina es que hay una gran cantidad de territorios sin explorar. Si las inversiones se sostienen en el largo plazo la producción podrá alcanzar los niveles que hoy tienen Chile y Perú. Los buenos precios de los metales y la demanda de los países asiáticos siguen siendo los principales motores del crecimiento.
Actualmente existen 18 minas en producción, dos en construcción, siete en fase de factibilidad, cinco en fase de pre-factibilidad y 300 proyectos en exploración. Según los datos de la Cámara de Empresarios Mineros (CAEM), durante 2010 el sector aportó al Estado $5.600 millones (4.300 a la Nación y 1.260 a las provincias), en tanto el gasto tributario (lo que el Estado dejó de recaudar por promoción industrial) fue de $452 millones. De US$ 4.500 millones que se exportaron en 2010, US$ 2.000 millones corresponden al oro y US$ 1.300 millones al cobre.
En base a estos números, el presidente de CAEM, Martín Dedeu, afirma que la minería es uno de los sectores con un escenario más positivo para los próximos años en la medida que se mantengan las condiciones necesarias para que esta actividad pueda desarrollarse normalmente. “Queremos hacer notar, primero, la importancia que tiene la minería como elemento sustancial de la vida moderna, es imposible prescindir de ella, y después, que no existe antinomia entre el desarrollo de esta actividad y el cuidado de los elementos sustanciales de cualquier sociedad como el agua y la tierra”.
–En los primeros meses de 2012 se pudo ver en los medios un fuerte cuestionamiento a la actividad que levantó varios interrogantes y que el sector tardó en aclarar ¿Cuál es la lectura que hace sobre esta situación?
–El año comenzó con algunas acciones notorias en contra de la minería, particularmente en La Rioja y Catamarca. No resultó algo sorpresivo, era de esperar que pudieran darse circunstancias como esa. Lo que ocurrió en Famatina fue un proceso en el cual nosotros, como cámara, no pudimos intervenir en una mayor escala, en función de que ni la empresa Osisko, que era la minera afectada, ni la cámara minera de La Rioja, eran parte de CAEM.
Era un poco meternos en donde no habíamos sido llamados. De todas formas dimos todo el apoyo que nos fue posible. La parte positiva es que esta crisis, merced a un trabajo que ya venía haciendo esta cámara con algunos de los gobernadores, consolidó la creación de la Organización Federal de Estados Mineros (OFEMI), que está integrada por las provincias donde existe la actividad.
Con esta entidad tenemos la idea de consolidar cierto tipo de reglas comunes de defensa de la actividad y complementar un aspecto muy trascendente, que es difundir que la minería es una actividad noble y cuidadosa del medio ambiente. Se dijo que el sector quedó rezagado en su estrategia comunicacional. Se pensaba que bastaba con hacer las cosas conforme a la ley y hacerlas bien; algunos empresarios consideraron que era requisito suficiente, pero evidentemente no lo fue.
No solo se trata de ser; también hay que parecer. No en todos los casos el acercamiento a las comunidades se hizo de manera eficiente y todos sabemos que el consenso social es un requisito importante para nuestra actividad.
–Los precios de los metales en los últimos años tuvieron un crecimiento significativo ¿Este factor sigue siendo el principal motor del crecimiento? ¿Qué podría pasar si los precios se estancan?
–La minería, como toda actividad, tiene sus altos y bajos. Es un sector joven; la gran minería se desarrolló recién en la década de los años 90. Desde entonces tuvimos buenos momentos y otros no tantos, al punto tal que en algún período el sector tuvo que firmar con el Gobierno convenios de competitividad porque eran brutales las pérdidas que se estaban teniendo.
Después de 2001 empezó a crecer en forma notoria el precio de los metales, lo que ayudó al restablecimiento del equilibrio de las empresas que hasta ese momento venían perdiendo plata de forma importante. Pero tampoco hay que imaginar que estos buenos precios se van a mantener en forma eterna. Para evaluar el crecimiento, o determinar los factores, lo primero que hay que entender es que no hay oferta sin demanda.
En este sentido los países asiáticos, con su crecimiento, fueron los que empujaron gran parte de la demanda de metales. Por otra parte, hay que observar también, como un elemento que impulsó al sector, la crisis internacional porque ha hecho que varios países importantes se refugiaran en metales como elemento para estabilizar sus reservas.
–¿Qué ventajas y desventajas encuentra hoy en la Argentina para desarrollar la actividad?
–En términos negativos podemos señalar que la Argentina no tiene mucha experiencia en cuanto al desarrollo de la actividad, como sí la tienen Chile o Perú, pero eso también tiene una parte positiva y es que hay espacios geológicos con posibilidad de riqueza muy importante. Tenemos muchos más territorios inexplorados que otros países de la región.
También hay que decir que la minería no es una actividad de hoy para mañana, requiere de mucho tiempo, de modo tal que si uno empieza hoy un proceso de exploración el resultado lo puede tener como mínimo en seis o 10 años. Para llegar a la producción minera previamente hay un proceso largísimo donde se necesita mucha inversión que, por otra parte, puede terminar en nada porque son muy pocos los proyectos que culminan en un yacimiento minero en explotación.
–¿Existe la posibilidad de que el sector tenga más integración con el tejido industrial del país o solo está destinado a ser una actividad netamente exportadora?
–Tenemos dos tipos de minería. Una es la minería metalífera y otra que es la minería tradicional, con producción de mármol, cemento, etc., y que está estrechamente vinculada a la industria de la construcción local.
Dentro de la minería metalífera, por ejemplo, todos los requerimientos de zinc, que es uno de los metales básicos importantes, están cubiertos solamente por la producción de la compañía minera Aguilar.
La minería es quizá el primer eslabón de una cadena productiva. No basta decir que nos encantaría que una parte de la producción que termina refinándose o metalizándose en otros países se haga acá. Para que haya refinería se necesitan condiciones, es necesario que la actividad alcance una maduración que todavía no tiene, es decir, para que sea rentable se requiere una producción de mayor escala. No falta demasiado tiempo para que esto pase; la Argentina claramente va en esa dirección.
–Las empresas que están a cargo de los proyectos más importantes son de capital extranjero, ¿cree que existe la posibilidad de que aumente la participación del capital nacional en el sector?
–Hay dos cosas a tener en cuenta. La primera es que la realización de determinados proyectos no está al alcance de ningún grupo nacional para llevarlo adelante. Esa es una realidad incontrastable; más aún, ni siquiera las grandes empresas mineras del mundo tienen espaldas suficientes para hacer inversiones de la magnitud de la que estamos hablando. Atrás de los proyectos siempre existen entidades financieras con créditos que se van saldando con la misma producción.
La segunda. En la Argentina hubo un importante proceso de extranjerización en todos los rubros, pero es interesante señalar que en los últimos años el capital nacional fue lentamente incorporándose en la minería. En las empresas juniors de este sector, que se encargan básicamente de las exploraciones, de toda la parte previa a la producción, hay muchos capitales locales. Estamos seguros de que los empresarios argentinos de a poco, van a ir metiéndose en el sector.


