Desde hace cinco años esta empresa implementa en el país un método para desprenderse de activos, que mezcla el tradicional mecanismo de las subastas con una versión online. El resultado es un negocio muy fructífero para todas las partes. Para los vendedores: transparencia y seguridad. Para los compradores: comodidad y tranquilidad.
Por Francisco Llorens

Rodolfo Menéndez
Esos son los valores agregados que ofrece Superbid a sus clientes según su presidente, Rodolfo Menéndez.
El surgimiento y la razón de ser de Superbid se explican a partir de las complicaciones de los remates tradicionales. Según palabras del innovador empresario, “tradicionalmente, en este país y en América latina, los remates se caracterizan porque los compradores habituales se ponen de acuerdo, se cartelizan. Entonces se reparten los lotes, no se pelean y se vende por la base. Muchos martilleros también son compradores. Entonces, siempre el que pierde es el vendedor”.
El proceso se inicia con la valorización del activo en cuestión: “Tenemos una estructura de ingenieros que se dedican a visitar a los clientes y a valorizarle los activos. Lo único que ganamos es la comisión. Entonces, cuanto más se facture, mejor”, detalla.
Por lo general, los activos se colocan en lotes pequeños para que sean más fáciles de ser vendidos. Se elabora una descripción, se agregan fotos y esa información es subida a la Web tres semanas antes del remate. “A partir de ahí, si el comprador concuerda con las condiciones de compra y venta que fueron prefijadas por el vendedor y está autorizado por nosotros, puede ofertar. Todos los lotes tienen un precio base y los incrementos son fijos”.
La difusión de la subasta se realiza de dos maneras. Por un lado, se publicita en diarios y medios tradicionales. Y por el otro, se envía electrónicamente a los potenciales clientes de la base de datos con que cuenta Superbid.
Cuando llega el día del remate –que se realiza en las oficinas de Superbid–, se vinculan las ofertas presenciales y virtuales: “Cada lote tiene un reloj, una cuenta regresiva. Cuando ingresa una oferta (es lo mismo si es presencial o por Internet) dentro de los últimos tres minutos, el reloj vuelve a contar tres minutos. Por lo que todas las ofertas ganadoras estuvieron expuestas por lo menos tres minutos para ser mejoradas por alguien. No hay ventajas por cliquear a último momento”, explica Menéndez.
Como el sistema es electrónico, toda la información está documentada, y es auditable, lo que le brinda tranquilidad a la empresa vendedora. Además, puede conocer a todos los ofertantes, no solo al último. Esto puede servir para conocer futuros compradores, para confirmar que las ofertas fueron reales y para contactar al segundo ofertante en caso de que el primero no pueda pagar.
En situaciones diversas
Otra ventaja del negocio es que se puede adaptar fácilmente a situaciones externas muy diversas, como detalla el presidente de la firma: “Cuando hay un contexto de crisis, las empresas buscan toda forma de bajar costos, generar caja, y empiezan a ver de qué se pueden desprender. Cuando hay bonanza, inversión y crecimiento, comienzan a sobrarle cosas”.
Actualmente, los ítems que más trabajan son vehículos, chatarras, maquinaria pesada y material en general de la industria, que ha sido sustituido por cosas más modernas.
El crecimiento de la compañía se está produciendo por dos carriles. En primer lugar, han comenzado a participar de remates de arte y de inmuebles, y pretenden entrar a los remates judiciales. “Ahí hay una liga bravísima. La ley para hacer los remates por Internet en la provincia de Buenos Aires está promulgada desde febrero de 2011, pero no se reglamentó. Hoy, la traba es que se necesita una participación política importante”, cuenta Menéndez.
Y, por el otro lado, buscan expandirse internacionalmente: “El mercado internacional es limitado, según las características culturales de cada país. En Estados Unidos, por ejemplo, no hay mafias en los remates. Entonces la transparencia no es un valor especialmente demandado. Además, allá van a ver un show, van a escuchar al martillero. Estamos limitados a los países en los que hay algún tipo de complicación operativa”, concluye.

