
La primera es distinguir desigualdad global y sus dos componentes: desigualdad dentro de los países y desigualdad entre los países. La desigualdad global mira la distribución del ingreso entre todos los ciudadanos del mundo. Medida así, es muy alta.
Durante la generación pasada, se redujeron las disparidades entre países por al rápido crecimiento de las economías emergentes, aunque creció la desigualdad dentro de algunos países. El efecto neto fue una pequeña reducción en la desigualdad global registrada. Este esquema va a continuar si los países pobres como India siguen acercándose a los niveles de ingreso que predominan en los países desarrollados y esa convergencia supera cualquier ampliación de la distribución de la riqueza dentro de los países.
Sin embargo, eso no acalla los reclamos sobre desigualdad. Por el contrario, la clase media de las economías industrializadas, uno de los electorados que más protesta en el mundo, ha comprobado que el crecimiento global beneficia a los que más ganan en sus propias economías y hace crecer a las clases medias de las economías emergentes, mientras que sus propios ingresos se han estancado. Sienten que son los que perdieron en esta partida y eso se convierte en fuente de inestabilidad política.
Como la política está organizada alrededor del estado nación, el nivel y el cambio en la desigualdad dentro de los países constituye la fuente más potente de tensión y debate.
La segunda distinción es desigualdad en economías desarrolladas versus desigualdad en economías en desarrollo. En las primeras, la tendencia es clara, casi todas aumentaron su desigualdad en la última generación. En los países anglófonos, el aumento fue especialmente pronunciado en el extremo más alto de la pirámide social, donde 1% de la población vio crecer su participación en el ingreso nacional. En los países en desarrollo, en promedio, la desigualdad subió en los años 90 pero se estabilizó en los 2000. En la mayoría de las economías en desarrollo donde existen datos recientes, la desigualdad muestra una tendencia descendente (Banco Mundial, 2015).
Sin embargo, la información sobre el estrato superior de la distribución en las economías en desarrollo es escaso, dada la carencia de registros impositivos completos.
Lo básico y lo disponible
La tercera distinción es entre desigualdad en ingreso básico e ingreso disponible. Hasta ahora hemos descripto la desigualdad del ingreso disponible, neto, sin los efectos de impuestos y subsidios, que sirven para reducir la desigualdad en los resultados del mercado. Este efecto redistributivo tiende a ser mayor en los países desarrollados que en los otros, donde el gobierno suele tener una participación menor de la economía.
En la mayoría de las economías avanzadas, la redistribución mediante impuestos y subsidios creció durante la última generación, compensando algo, pero no todo el aumento en la desigualdad de mercado. Pero esos efectos disminuyeron desde finales de los años 90. Las políticas públicas también modelan la distribución del ingreso básico. Por ejemplo, menos protección del empleo contribuyó a ensanchar la desigualdad en ese período.
(El informe, cuyos autores son Kemal Dervi ay Laurence Chandy, ambos expertos en economía y desarrollo global de Brookings Institution, es parte de una serie de ensayos publicada por ese organismo en ocasión del 10º aniversario de la edición del Global Economy and Development Program. La serie ahonda en los temas cruciales que afrontan todos los que se preocupan por la globalización.
Los debates sobre las causas de la desigualdad están plagados de riesgos porque reflejan los múltiples y complejos canales de la economía global.
Podría decirse que el principal efecto de la tecnología es el grado en que premia la capacitación.
Las últimas tecnologías reemplazan muchas de las tareas que antes hacían trabajadores no calificados y sirven de complemento a los calificados. En los países avanzados el comercio refuerza este efecto alentando la especialización en sectores capacitados, donde esas economías tienen una ventaja competitiva. La misma lógica podría aplicarse en las economías en desarrollo que se especializan en sectores de baja calificación. Sin embargo, en la práctica, los trabajadores capacitados toman muchos de esos trabajos, de modo que al reemplazar a los trabajadores no capacitados, la tecnología no solo aumentó la valoración de las habilidades sino que aumentó el rol del capital en la producción. Porque desde los años 80 la tecnología viene abaratando los bienes de producción y esto aumenta la desigualdad, porque la posesión de capital es desigual y genera más ingresos a muchos de los individuos que ya ganaban bien.
La tecnología contribuyó a la creación de mercados monopólicos para nuevos bienes y servicios. Esto se ve con especial claridad en la economía digital, donde dominan gigantes como Google y Apple. La globalización aumentó la escala de esos ganadores que absorben mercados y hacen que las grandes ganancias y los altos salarios se repartan entre un grupo pequeño de empleados y accionistas. Pero simultáneamente, ambos desarrollos bajaron las barreras de entrada al mercado y los costos de la información.
Por ejemplo, si bien las plataformas digitales para taxis (Uber), venta minorista (Amazon) y alojamiento (AirBnB), son en sí mismas cuasi monopolios, bajaron las barreras de entrada a conductores independientes, vendedores y hoteleros creando mercados muy cuestionables. Eso permitió una redistribución de la renta y generó nuevas oportunidades de ganancia para personas calificadas.
Finalmente, la globalización obligó a reducir la regulación y las políticas redistributivas de los gobiernos para ponerse a tono con los competidores nuevos y retener negocios.
Lo que hay que cuidar
Hay que vigilar atentamente algunas áreas para evitar los efectos negativos:
Automatización de los empleos. Los robots y la inteligencia artificial son cada vez más complejos y están en condiciones de realizar tareas no rutinarias como manejar vehículos o reconocer la voz humana. Esto genera mucha ansiedad porque se calcula que en el mediano plazo entre 9 y 47% de los empleos corren riesgo de desaparecer en las economías de la OCDE.
Es muy incierto cuántos y cuáles serán los nuevos empleos que surgirán y los costos del ajuste de mover a los trabajadores hacia nuevos roles. El reemplazo de trabajadores por máquinas es un peligro para la ventaja competitiva de las economías en desarrollo en los mercados globales, que consiste precisamente en su abundancia de trabajadores baratos.
Hay señales de vaciamiento de los mercados laborales como ya ocurrió en Occidente y de la prematura desindustrialización, mientras las economías en desarrollo luchan por instalar una base industrial, en fuerte contraste con el camino tomado por las economías occidentales y los tigres asiáticos (World Bank, 2016; Rodrik, 2015). Al mismo tiempo, la economía digital brinda oportunidades para conectar a trabajadores de economías pobres con compañías y clientes en mercados ricos, ofreciendo así una prórroga a los peligros asociados con la adopción de tecnologías. No está claro cuáles de estos dos efectos ganará y signará la suerte de las economías en desarrollo en el corto plazo. Pero el índice de convergencia con los niveles de vida de la economía rica va a ser un gran determinante de las tendencias globales de desigualdad.
Percepciones de desigualdad. La indignación pública sobre los efectos desiguales de la tecnología y la globalización suele ser citada como una de las causas de miles de desgracias sociales: aumento de nacionalismo, desdeño por las instituciones y fractura de las reglas en que está basado el sistema internacional. Que persista o no la indignación depende no tanto de alguna medida objetiva para paliar la desigualdad, sino de cómo ella sea percibida por la gente. Un factor importante es la forma en que la integración global cambia los puntos de referencia que usa la gente para juzgar y comparar su nivel de vida.

